Dr. Oscar Ponce. Facultad de Ciencias Biológicas. Universidad de Concepción.
Ha sido preocupación académica permanente, y la idea es que esta preocupación se proyecte a la comunidad, el tema relacionado con los riesgos que involucra el alcohol sobre la descendencia. Es más, el tema se hace relevante por el hecho de que según nuestros estudios, que son concordantes con investigaciones hechas por otras instituciones científicas, la pendiente de aumento del consumo de bebidas alcohólicas en mujeres, ha sido mayor en los últimos años con respecto a la de los hombres.
Por otro lado, si relacionamos la enfermedad alcohólica entre hombres y mujeres, 15 años atrás había 10 varones con esta enfermedad por una mujer. Hoy en día la relación es dos es a uno.
Que la mujer bebe más alcohol hoy día, no hay duda.
En mis tiempos de universitario, casi no se veía a las jóvenes consumiendo alcohol. Y con esto, no quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor. Cuando más, quisiera apenas decir que el tiempo pasado fue distinto.
¿Dónde están los riegos del consumo de esta droga en la mujer? En realidad hoy se sabe que estos riesgos están repartidos en periodos. Por ejemplo, durante el período fértil de la mujer, durante el embarazo o si está lactando.
Por mucho tiempo se sospechó de los daños sobre el gestante cuando la mujer bebía alcohol durante el embarazo. Hoy, todavía se pone en duda este riesgo. Y hay quienes dicen: “Una copa tres veces por semana, no me va a hacer nada” o “Es una celebración, que me va a hacer si hace cuatro meses que no he bebido nada”. Esto último lo dijo una mujer embarazada.
Estas expresiones son emblemáticas y constituyen una verdadera ruleta rusa y es el argumento que la Dra. Trerese Grant, Directora de la Unidad de Alcohol y Drogas a Nivel Fetal, de la Universidad de Washington, planteó en el inicio de su ponencia en el Seminario “Mujer, Adicción y los hijos de la Droga”, realizado recientemente en Chile.
Ella señaló lo mismo que hemos dicho en el “Programa Alcohol y Alcoholismo de la Universidad de Concepción”, en el sentido que no se ha determinado un nivel seguro o sin riesgos en el consumo de alcohol durante el embarazo.
Entre otras razones, porque las mujeres no absorben ni metabolizan con la misma rapidez el alcohol ingerido.
No se puede afirmar que una dosis de alcohol le va a hacer daño al feto. Pero tampoco se puede decir que no se lo hará. Sólo se puede afirmar que es un riesgo.
Sin embargo, cuando hablamos de nuestra descendencia, la decisión debe ser una sola: tratándose de la vida sólo tiene valor alejarse lo más posible de los riesgos.
Estamos hablando de Trastornos de Espectro Alcohólico Fetal, TEAF y su manifestación más severa que es el Síndrome Alcohólico Fetal. SAF.
El origen de estos trastornos está en varios aspectos, uno de ellos es la alteración directa de la placenta por el alcohol, y la consecuencia es la deficiente oxigenación del feto, por ende, la disminución de su desarrollo y crecimiento.
Otro es el paso directo por la placenta de la droga al feto. Y por este camino también se produciría alteración del crecimiento, especialmente de la parte más vulnerable durante el desarrollo, el cerebro.
En este sentido, aparte de malformaciones visibles, hoy se describen alteraciones conductuales que van desde alteraciones cognitivas, déficit atencional, problemas para aprender y memorizar las matemáticas, falta de habilidades, etc. Todo esto por alteraciones en la formación de las estructuras cerebrales.
Una vez, una madre que tenía un niño con SAF en una escuela especial me preguntó: ¿Qué puedo hacer con mi hijo? Soslayé una respuesta que espero le haya servido: “Con su niño, sólo quererlo. Pero además usted puede evitar tener un segundo niño con Síndrome Alcohólico Fetal”.
