Disciplina y Dieta


Prof. Oscar Ponce

Dr. Oscar Ponce. Facultad de Ciencias Biológicas. Universidad de Concepción.

Estando en  Fiestas Patrias, Pascuas o Año Nuevo  ojalá ningún chileno y chilena escape del legítimo derecho a pasarlo bien, con felicidad, con unión familiar, con buena y abundante comida y con todo lo demás.

Pero, pasadas las celebraciones, se debería volver más que a la abundancia y al arte de comer, a la disciplina en el comer.

Esta disciplina en el comer, significa que se debe poner atención en qué, cuánto, cómo y cuándo se ha de comer, además de cuál debería ser el ambiente para hacerlo.

En relación a qué es lo que se come, hay muchas variables, que van desde la llamada dieta saludable hasta lo que ya está popularizado en la  gran cuidad, la comida chatarra. Aquí se privilegian las papas fritas en aceite, muchas veces recalentado y por ende demasiado quemado y dañino,  las hamburguesas, la mayonesa, los condimentos, los helados. De otro punto de vista muchos hidratos de carbono, muchos lípidos o grasas, muy pocas proteínas de alto valor biológico, pocas vitaminas y muy pocas fibras.

Existen estudios recientes que indican por parte de los comensales, un acostumbramiento, una seducción a aquel tipo de comidas, de la cual es muy difícil salir. Incluso hay argumentos científicos que indican que este tipo de costumbres obedecen a parámetros hereditarios.

Otro aspecto de este acostumbramiento, a veces originado por factores involuntarios como el imperativo laboral, se refiere al gran problema  de comer de prisa. Estimulado esto por la atención rápida o por el escaso horario de colación.

El hambre o el deseo de comer es un aviso que se origina en el cerebro y que impulsa a satisfacerlo con comida. Luego ha de venir una respuesta cerebral que es la saciedad, y la generación de  esta respuesta  necesita de un tiempo adecuado. De aquí la necesidad de comer con lentitud. Así se le da tiempo a la molienda de los alimentos, a las secreciones de los jugos digestivos,  al proceso de digestión, a la entrada de los nutrientes digeridos a la sangre, de ahí a los tejidos y finalmente estimular la reacción de saciedad. Y nos sentimos bien. Y frente al ofrecimiento de más comida, la respuesta natural ha de ser: no muchas gracias, “estoy satisfecho”.

¿Qué ocurre cuando comemos voraz y velozmente? Simplemente no se alcanza a estimular la respuesta de saciedad y no se elimina la sensación de hambre, permanece, y comemos más.

Hay estudios que indican que si una persona come lentamente una determinada dosis de comida, puede quedar satisfecho. Si  come vorazmente tres veces aquella dosis, puede seguir teniendo hambre.

Consejo Práctico: Uno debe destinar por lo menos 60 minutos si se trata de  almorzar o cenar, y así encontramos el punto de saciedad. Y sin el riesgo de comer excesivamente.

Otra recomendación en pro de un buen cómo comer, dice relación con la última comida del día. Esta debe ser liviana y debe hacerse  a lo menos  una a dos horas antes de conciliar el sueño. Esto apunta a que durante la noche el metabolismo de los alimentos se hace más lento y si hemos comido en exceso, el organismo privilegiará la síntesis y depósitos de materia grasa.

El significado saludable de estas recomendaciones es que nos alejemos de la posibilidad de sobrepeso, de obesidad, cardiopatías o de diabetes.

Hay una serie de otras normas que en general apuntan al concepto de alfabetización alimentaria, para sacarle el mejor provecho al acto de comer, eliminando los malos hábitos y para entender qué es lo que se debe comer según la persona, su estado y sus necesidades dietarias.

El objetivo primordial es que comiendo con felicidad nos   acercarnos lo más posible a una vida saludable.

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