Dr. Oscar Ponce
Facultad de Ciencias Biológicas.
Universidad de Concepción.
Hemos tenido la oportunidad de escuchar, leer y ver, a través de diferentes medios de comunicación, argumentos a propósito de la Ley de Alcohol y Conducción, que se ha dado en llamar “Ley de tolerancia cero”.
Las opiniones y las discusiones han sido, y seguirán siendo, de una variabilidad extraordinaria y con una verborrea en que se mezclan irreverentemente mitos y realidades.
Vayan algunos ejemplos:
- No se puede comer un bombón de licor, porque estaría en riesgo de andar bajo la influencia del alcohol.
- Van a andar muchos ebrios caminando por las calles, y ellos van correr el riesgo de ser atropellados por vehículos bajo la conducción de choferes sin alcohol.
- Comiéndose una manzana, se puede esconder la realidad del alcotest.
- Estamos en una situación de catástrofe por la caída en la venta de alcohol que, en locales nocturnos, ha disminuido hasta un 40 %. Expresión que ha empleado un dirigente de uno de los gremios de estos locales.
- La gente va a tomar igual y que se van a enriquecer los choferes de taxis.
- Las persona van a beber más porque se van a quedar toda la noche, hasta esperar la movilización colectiva de la mañana para volver a sus hogares.
- Hay que volver a modificar la ley para dejarla como estaba antes.
- Beber es importante para seducir a una mujer. Y después, sigue el argumento, como no se puede manejar…
- Se va a especular con el “acarreo” de los consumidores. Palabra expresada por profesionales de los medios.
- Comiendo mucho, y bebiendo, los niveles de alcohol bajan en la sangre.
Y repetidamente en los discursos se sigue utilizando equivocadamente la frase Alcohol y Drogas, como si la bebida alcohólica fuera una sustancia distinta de las drogas.
Desgraciadamente se echa de menos una opinión más razonada, más culturizada y, por sobre todo, mucho más científica en relación a la bebida alcohólica, la cual ha dado origen a una ciencia llamada alcohología.
Estas ideas hay que decirlas, por lo menos para que hagamos el ejercicio de comparar, como dice el título de una película, lo bueno, lo malo y lo feo del fenómeno de consumo de alcohol. Dos puntos. Y digo dos puntos porque voy a enumerar, aunque sea sin números como me enseñó mi profesora de castellano hace muchos años:
La bebida alcohólica, o el alcohol, o el etanol es una droga, porque tiene todas las características de lo que es una droga y de lo que hace una droga.
El alcoholismo, el fenómeno de consumir alcohol, se asocia directamente a la causa o agravamiento de más de 60 tipos de enfermedades, trastornos o daños al organismo humano. Esta es la razón de considerar este consumo como el principal problema de salud pública en nuestro país. En esta misma línea, en Chile, y en la mayoría de los países del mundo se considera al alcohol de las bebidas que lo contienen, como la droga principal.
Los niveles de consumo sitúan a Chile dentro de los países con mayor riesgo por ingesta dentro de su población, de acuerdo con el llamado Mapa Mundial de Patrones de Consumo de alcohol de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos efectos sobre la salud se proyectan a la inteligencia de los jóvenes. Los daños producidos por el consumo de alcohol se pueden proyectar al bebé en gestación. El Síndrome Alcohólico Fetal es un dramático ejemplo.
El consumo de alcohol con riesgo para la salud humana abarca el 11 % de nuestra población. Esta cifra crece en algunos grupos etarios. Por ejemplo es del 20 % en hombres adultos. Sin embargo, en los jóvenes menores de 24 años, la cifra se eleva a 24 %.
En relación al consumo de bebidas alcohólicas hay dos conceptos que hay que aclarar. Esto para fortalecer el conocimiento sobre esta droga:
1.-El alcohol como droga produce acostumbramiento y en una situación más drástica alcohol-dependencia. La dependencia por alcohol es una de las más difíciles de dejar.
2.-El alcohol como droga produce aumento de la tolerancia, esto es, deseo o necesidad de consumir más cantidad por oportunidad y aumento de la frecuencia en el consumo. Se ha calculado que el promedio del número de tragos en un día de mayor consumo en los varones -que ya se han acostumbrado y adquirido un cierto nivel de tolerancia- es de 7,3. En las mujeres es de 3,1.
Entonces, en lo final de este comentario: no hay ninguna duda que el objetivo de esta nueva ley es contribuir a cambiar la cultura y lo que hace la comunidad en relación a ese consumo, obviamente, para disminuir los tristes récords que tenemos en relación al alcohol. Vendrán otras estrategias que se sumarán a esta llamada “Ley de Tolerancia cero”, sin desconocer que de todas las estrategias, a la fecha la que ha dado los resultados más alentadores, es la educación.

bueno señor me gusto muchos sus aRGUMENTOS PERo TIENE Un ERROR EN EL NO PONER QUE CON SOLO USAR UN ENJUAGUE BUCAL YA LA PERSONA ESTA EN GRADO DE EBRIEDAD
Usa enjuague sin alcohol, es mucho más recomendado por los odontólogos, yo estudio odontología.
Saludos! Muy buena información!
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