Dr. Oscar Ponce.
Académico de la Universidad de Concepción
Todo tiempo pasado fue… y no voy a decir lo que usted está pensando, diré: “diferente”. Me pregunto, ¿cuáles eran algunas de las características de nuestra sociedad hace cincuenta años? Todo esto a propósito de que hace medio siglo, nuestra selección chilena de fútbol logró un tercer lugar en un Campeonato Mundial.
Me voy a referir sólo a algunos aspectos de cómo se desarrollaba, por aquellos años, el pequeño mundo en nuestra Universidad de Concepción, según he vivido, o según me han contado.
Alrededor de la Plaza Perú, todas las noches, fuera invierno o verano, una pléyade de estudiantes universitarios comenzaba a llegar a este, en aquel entonces, hermoso paseo, a estudiar.
“20, 30 o más, según las inclemencias del tiempo, éramos los estudiosos o los “mateos” de aquellos años”. Los leguleyos con sus gruesos libros de leyes, que había que leer y repetir hasta lograr aprender las diversas leyes escritas. Otros del área de salud con sus piezas óseas anatómicas y sus morrocotudos libros de anatomía describiendo las formas, caras, bordes y agujeros de aquellos diversos huesos. Los futuros farmacéuticos aprendiendo los nombres químicos, las fórmulas y denominaciones de fantasía de diversos medicamentos, fármacos o drogas que había que memorizar. Y así entre paseos, discusiones y conversas, nos daban las 11, las 12, las 2, y hasta las 3 de la mañana en algunas ocasiones. Gracias a la seguridad de aquellos años, a esas horas nos íbamos para la casa, la pensión o los Hogares Universitarios.
El único lugar que existía para satisfacer nuestras necesidades alimentarias en aquella plaza, era un puesto de cosas varias cuyo dueño era “el cañetino”, casi nadie sabía el nombre o el apellido de este personaje que nos vendía, fiaba o, incluso, nos regalaba la leche con plátano y, en sus momentos de mayor generosidad, le colocaba, y por el mismo precio, hasta paltas para que nos “alimentáramos mejor”.
Este es uno de los muchos ejemplos de lugares que congregaba a estudiantes a, precisamente, estudiar.
He preguntado a clásicos profesores su percepción actual, sobre si los alumnos de antes, estudiaban más o menos que ahora. La respuesta, muy mayoritaria, ha sido: mucho más.
Otro ejemplo. La Casa del Deporte. Era el fulcro de la afición deportiva de los universitarios. Inolvidables eran las competencias de básquetbol inter-facultades, con estrellas como Garáfulic, Kunzac, Fernández, Rojas, o el meñique Espinoza, de Odontología, llamado así por su enorme contextura y estatura, entre otros. Cuando las competencias estaban en su apogeo, y se empezaba a vislumbrar el equipo que sería el campeón, las aposentadurías del gimnasio A, se llenaban de eufóricos universitarios. Incluyendo -por supuesto- damas y varones. Hoy día es difícil llegar a un lleno como los de aquellos años.
Las calles y avenidas al interior del barrio universitario
La movilización de Pedro de Valdivia pasaba justo por una calle diagonal que había entre la Facultad de Humanidades y Arte, llamada antiguamente Escuela de Educación, y la Facultad de Farmacia. También había otra calle entre Farmacia y el llamado Instituto de Biología. Se cuenta que, por aquellos años, en todo el Barrio Universitario se estacionaban tres (¡sólo tres!) automóviles. Voy a obviar el nombre de sus dueños, pero todos sabíamos a quien le pertenecía cada uno: a un profesor de Biología, otro de un docente de de Farmacia y, el tercero, de un profesor del Departamento de Anatomía. Hoy en día, según aproximaciones que he hecho personalmente, a nuestro Barrio Universitario llegan, diariamente, casi 2.000 automóviles.
Por esos años, además, ningún alumno universitario tenía acceso a internet banda ancha. Tampoco habían alumnos con teléfono celular. Las tareas se hacían, también, de una manera diferente: yendo a la biblioteca, leyendo, discutiendo, compendiando, concluyendo, y con bibliografía adjunta. Estábamos muy lejos del “copiar y pegar” de nuestros tiempos modernos.
Finalmente, una pregunta abstracta: ¿Los alumnos universitarios de antes eran más felices? No tengo una respuesta. Sólo puedo afirmar que éramos felices de una manera distinta. Insisto, estas comparaciones han sido para pensar, simplemente, que todo tiempo pasado fue diferente…
