Dr. Oscar Ponce
Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidadde Concepción.
A pocos segundos de ocurrido el nacimiento, nuestro sistema respiratorio empieza a funcionar de una manera distinta a como se respira en la vida intrauterina. Los pulmones comienzan a inflarse y a desinflarse en forma autónoma, tomando aire atmosférico y expulsándolo en forma rítmica.
El primer movimiento, llamado inspiración, es fundamental para tomar del aire atmosférico el oxígeno; mientras que el segundo, la expiración, es para eliminar, entre otros, un gas que se forma en el organismo y que es el anhídrido carbónico. El primer gas es el bueno; el segundo es el malo.
La clave de este intercambio se realiza en la intimidad de unas estructuras biológicas y microscópicas de los pulmones llamados alvéolos pulmonares, en íntima relación con vasos sanguíneos que, a través de la hemoglobina, una proteína de los glóbulos rojos, llevan la sangre cargada de anhídrido carbónico, que se descarga, y se devuelve cargada de oxígeno, vital para nuestra vida. Por esto somos organismos aeróbicos. Esta dependencia es de por vida y para toda la vida.
Se calcula que la especie humana, en apenas el primer año de vida, efectúa hasta 20 millones de respiraciones, con la función fundamental de tomar el preciado oxígeno del aire y excretar el indeseable anhídrido carbónico, que se forma, en general, de los procesos catabólicos de los nutrientes. Se trata de un viaje eterno por el interior del torrente sanguíneo. Viaje que se puede escuchar a través de los latidos del corazón.
La hemoglobina, entonces es una molécula transportadora, con cuatro subunidades proteicas, dos cadenas alfa y dos cadenas beta, más cuatro grupos hemo, de ahí su nombre, donde participa el fierro. Es por eso que muchos tipos de anemia se asocian con la falta de fierro en la dieta. Esta estructura compleja de la hemoglobina garantiza la función que, bajo ciertas condiciones de presión, se da en la intimidad de los alvéolos pulmonares, y permite que el oxígeno pueda combinarse con ella y originar la oxihemoglobina.
En otros lugares, esto es en el resto del cuerpo, con circunstancias de menor presión, se desprende del oxígeno, y se entrega a todas y cada una de nuestras células. Desde luego este mecanismo, presentado con esta simpleza, es más complejo, y cuenta con la participación de una serie de otros factores y circunstancias para la oxigenación de nuestros tejidos. ¿
Sabían ustedes que el cerebro y los músculos, para sus funciones, son grandes consumidores de oxígeno?
Por otro lado, la pureza de aire que inspiramos garantiza, a su vez, junto a los nutrientes, la generación de la energía para todas nuestras funciones vitales.
Pero, ¿cuándo el aire que se ofrece inmaculado en el campo, en el desierto, en las alamedas, sobre el mar, se transforma y se vuelve una injuria para nuestro organismo? En una ciudad industrial, además con gran desplazamiento de vehículos, un litro de aire contiene varios millones de partículas de sustancias dañinas en suspensión.
En el curso de un día un ser humano puede inspirar varios billones de ellas, a lo cual habría que agregar un gran número de microorganismos bacterianos y virales. Y, para esto, nuestro organismo está preparado.
En las cavidades nasales, tráquea, bronquios, bronquiolos, y ramificaciones menores, está el llamado epitelio respiratorio, desde donde se secreta un mucus de revestimiento, y donde otras células están provistas de microvellosidades vibrátiles. Todo este conjunto de partículas y microorganismos quedan atrapados en el mucus y las micrivellosidades, produciéndose ondas rítmicas que van movilizando este mucus cargado de todos estos elementos injuriantes, que terminan por expectorarse o deglutirse.
Pero muchas veces este cuento, de maravillosa defensa, es vencido, entre otros, por un factor, tal vez uno de los más injuriantes que se haya inventado: El cigarro; cuyo humo contiene aproximadamente 4.000 sustancias dañinas. Tengamos presente, por lo menos, algunas de ellas: los alquitranes, el monóxido de carbono, la nicotina, el arsénico, el formaldehído, el ácido cianhídrico, el benceno, el cadmio, el amoníaco, la acetona. ¿Hasta cuándo fumar, entonces, seguirá siendo un placer? Usted, pues, puede decidir qué hacer.
