El amor más grande

Prof. Oscar Ponce

 

Dr. Oscar Ponce

Facultad de Ciencias Biológicas

Universidad de Concepción

 

 

 

En las horas siguientes a la llegada al mundo de un nuevo ser humano, llamado por esta misma razón un recién nacido, suceden muchas cosas. Desde la madre que da a luz, el padre, los hermanos, los familiares, los amigos, los conocidos, etcétera; lo que prima entre ellos es el deseo de felicidad, involucrando en este deseo, por supuesto, una vida saludable.

Todos los organismos humanos, y no somos la única especie, nacemos de una madre después de habernos desarrollado en el baño líquido y caliente de su útero. Y, durante  9 meses, ellas empiezan a querer con amor y cuidado a ese ser que empieza su  desarrollo embrionario y fetal. No hay amor más exclusivo, distinto y más grande que ese amor de nuestras madres.

Tan profundo es este sentimiento que la madre es capaz de entregar, y por ende, perder a su hijo con tal de no verlo sufrir.

Esto, a propósito de una antigua obra de Bertolt Brecht escrita en 1944 y llevada al teatro, donde se plantea un bello ejemplo de justicia y de amor maternal. Fue “El Circulo de Tiza Caucasiano” que tuvimos la oportunidad de ver en el majestuoso Teatro Concepción, aquel de Orompello con Barros Arana, en una época pasada. El teatro ya no existe; el TUC, Teatro Universidad de Concepción, tampoco.

La trama de esa obra es la siguiente: dos mujeres se disputan la maternidad de un pequeño niño. El Rey decide, para este caso, hacer las veces de juez omnipotente y realiza la siguiente prueba: Hace que las  mujeres en disputa, dentro de un círculo dibujado con tiza en el piso, tomen al pequeño de un brazo cada una, y que empiecen a forzar para quedarse una de ellas con el infante, sacándolo del círculo. “La que lo logre”, anticipa el Rey el veredicto, “será la  madre y por ende se quedará con el niño”.

Al cabo de un tiempo, una de las mujeres, asió más fuertemente el brazo de niño, hizo mayores fuerzas y se quedó finalmente con él. La otra, al parecer no fue capaz de apretar el brazo, mucho menos de tirarlo y soltó finalmente al pequeño.

Poco duró la alegría de la vencedora, porque el juez-rey, que era un sabio, sentenció y decidió que la otra mujer era la ganadora.

Y justifico su sentencia de esta forma: “Solo una mujer que, al momento de esta prueba, decide perder su hijo, con tal de no causarle sufrimiento, ha de ser la verdadera madre. Aquí ha habido una prueba de verdadero amor maternal” concluyó.

Pero, relacionado con la biología, hay otra madre, la que se ha dado en llamar “madre naturaleza”, que ha previsto darle a la mujer características biológicas para preservar la descendencia, durante la etapa más delicada del ser humano. La de su desarrollo embrionario.

La primera protección es lo que se denomina fecundación y desarrollo interno, con toda una organización biológica para anidar y guardar al embrión y posteriormente al feto humano hasta el momento de su nacimiento. Pero además está el tejido placentario, a través del cual se establecen relaciones íntimas de intercambio de sustancias, como  nutrientes, oxígeno y hormonas, que van a permitir, y mantener, la gestación. La placenta es un vehículo, de modo que si la madre aprende a nutrirse como embarazada, el futuro hijo se va a nutrir también en pro de una vida saludable.

Pero cuidado, la placenta no filtra las cosas malas, y una de ellas son las drogas. De modo que si la madre fuma, el feto va a ser un fumador pasivo. Si la madre bebe alcohol durante el embarazo, el ser en gestación va a ser un bebedor pasivo. Y lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de droga ilícita. Todos estos hechos, está comprobado, pueden ser riesgosos para la descendencia.

Asimismo, la biología de la madre no termina con el embarazo. Viene otro periodo crucial luego del nacimiento: la lactancia. La madre puede, y debe aprender a ser buena lactante, entre otros factores, a través de su propia nutrición.

La leche materna,  de buena calidad, en adecuada cantidad y por largo tiempo, es uno de los mejores  regalos que la madre le puede dar a este producto del amor, que son los hijos. Y porqué no, durante un año. Es lo recomendable. Casi, es lo ideal.

Y hablando  de regalos, el mejor regalo que tenemos todos los seres humanos, es tener, o haber tenido, una madre.

1 comment to El amor más grande

Leave a Reply

 

 

 

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>