Directores: Furtwängler, Wilhelm
| Directores |
Wilhelm Furtwägler, cuya labor junto a la Filarmónica de Berlín es considerada una de las más grandiosas en la historia de la música selecta.
Furwängler nació en Berlín en una prominente familia. Su padre Adolf fue un arqueólogo, su madre una pintora. La mayor parte de su niñez la paso en Munich, donde su padre daba clases en la universidad. Desde temprana edad Furtwängler recibió una esmerada educación musical, y desarrollo una temprana adoración por Beethoven, compositor al que dedico mucho estudio y atención. Aunque la mayor parte de su fama póstuma descansa sobre su trabajo como director, Furtwängler también fue un compositor, que se consideraba ante todo como tal, de hecho se dedico a la dirección orquestal con el propósito de presentar sus propias obras.
Al momento de realizar su debut como conductor Furtwängler tenía 20 años, y ya había escrito varias piezas musicales. Sin embargo, no fueron bien recibidas, y eso – combinada con la inseguridad financiera de una carrera como compositor – lo llevaron a concentrarse en la dirección orquestal. En su primer concierto, dirigió a la Orquesta Kaim (ahora la Orquesta Filarmónica de Munich) la Novena Sinfonía de Antón Bruckner. Posteriormente, actuó en Munich, Lübeck, Mannheim, Frankfurt, y Viena, antes de obtener trabajo en la Orquesta Estatal de Berlín en 1920, y en 1922 en la Orquesta Gewandhaus de Leipzig donde sucedió a Arthur Nikisch. Más tarde se convirtió en director musical de la Orquesta Filarmónica de Viena, de la Orquesta del Festival de Salzburgo y del Festival de Bayreuth, que era considerado como el mayor puesto que un conductor podía alcanzar en la Alemania de esa época.
Entre 1933 y 1945 importantes personalidades en el mundo artístico como poetas, pintores, compositores, actores y filósofos, así como destacados científicos, abandonaron Alemania. Algunos de ellos fueron Thomas Mann, Einstein, Hindemith, Else Bergner, Wassermann y muchos otros. Abrigaban la esperanza de acelerar la caída del Tercer Reich desde el extranjero con sus escritos o sus discursos. Furtwängler se quedó en Alemania. Aunque no le hubiera resultado difícil trasladarse al extranjero, pues a un director de su nivel se le hubieran abierto todas las puertas, ya fuera en Suiza, en Inglaterra o en los Países Nórdicos e incluso en los Estados Unidos.
Pero él, artista ante todo, sintió la responsabilidad para con sus conciudadanos: su misión no era otra que la de transmitir la gran herencia de la cultura alemana del pasado a fin de que fuera recogida por las generaciones futuras. Y sólo permaneciendo en Alemania podría cumplir aquella misión: Furtwängler expresó que no podía renunciar ni a su Viena, ni a su Berlín, ni a su propia afirmación como artista alemán.
La relación de Furtwängler – y actitud hacia – Adolf Hitler y el Partido Nazi fue un asunto de gran controversia. Cuando los Nazis llegaron al poder en 1933, Furtwängler se mostró muy critico de ellos. Incluso en 1934, se le prohibió conducir el estreno de la ópera Matías el Pintor de Paul Hindemith, por lo que la desilusión del conductor aumentó a tal punto que se rumoreo que seguiría los pasos de Erich Kleiber e iría al exilio. Aunque, Furtwängler nunca se unió al Partido Nazi ni tampoco aprobó lo que hacían, al igual que el compositor Richard Strauss, quien no escondía su desagrado por los Nazis, recibió un trato relativamente bueno por parte de los Nazis, era un figura importante en el ámbito cultural, como se evidencia en su inclusión en la “Lista Exenta Importante de Artistas” de Septiembre de 1944. Sus conciertos a menudo eran transmitidos a las tropas alemanas para subir la moral, aunque fue limitado por las autoridades en lo que podía presentar. Más tarde Furtwängler señalaría que trato de proteger la cultura alemana de los Nazis, y ahora se sabe que utilizo sus influencias para ayudar a músicos judíos a escapar del Tercer Reich.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, bajo una fuerte presión del Partido Nazi, Furtwängler huyo a Suiza. Fue durante este agitado periodo que compone la que sería su más significativa obra, la Sinfonía Nº2 en mi menor. El trabajo en la sinfonía comenzó en 1944, y continúo en 1945. Su estreno se realizó en 1948 por la Orquesta Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Furtwängler. Otras obras importantes que compuso fueron la Sinfonía Concierto para piano y orquesta y la incompleta Sinfonía Nº3 en do sostenido menor.
Luego de la Guerra Furtwängler retoma las presentaciones y grabaciones, continua siendo un conductor popular en Europa, aunque siempre bajo cierta sombra. Furtwängler es principalmente famoso por sus presentaciones de Beethoven, Brahms, Bruckner y Wagner. Sin embargo, también fue un defensor de la música moderna, y dio conciertos de las en esa época modernas obras como el Concierto para orquesta de Béla Bartók.
Una de las últimas grabaciones de estudio en las que participo fue la opera Las Valkirias de Wagner con la Opera de Viena. Unos días después de completar Las Valkirias, en un ensayo de su propia Segunda Sinfonía de regreso en Berlín, al sentirse incapaz de escuchar las líneas de apertura en un solo de fagot del segundo movimiento, Furtwängler lloró, bajó la batuta al atril y con voz quejumbrosa le dijo a la orquesta “Si, gracias, Caballeros…esto es todo, adiós”. Fue la última vez que Furtwängler enfrentó a una orquesta… cuatro semanas después, luego de una penosa y difícil agonía, totalmente sordo Furtwängler falleció en la Clínica Ebersteinburg, en las afueras de Baden-Baden el último día de noviembre de 1954.
Al finalizar nuestro programa dedicado a la labor de Wilhelm Furtwängler le invitamos a escuchar su última grabación. Difícilmente pueden encontrar otra Novena con tanta carga de dramatismo, con tanto peso emocional, la Novena fue una obra que Furtwangler adoraba y es de opinión de sus críticos y admiradores, que esta grabación nos deja un poderoso mensaje de superación de las adversidades y triunfo del alma frente al cuerpo. Después de este concierto, Furtwängler pasó en cama en su hotel por casi una semana, totalmente exhausto y vencido por el esfuerzo.
Sin embargo, para el propio Furtwängler, tal como le confeso a su esposa en sus últimos días de vida, esa Novena fue su favorita, dado que puso en ella toda su carga emocional, en sus palabras dijo: “interprete esa Novena cuando ya tenia un pie en el otro mundo".
Furwängler nació en Berlín en una prominente familia. Su padre Adolf fue un arqueólogo, su madre una pintora. La mayor parte de su niñez la paso en Munich, donde su padre daba clases en la universidad. Desde temprana edad Furtwängler recibió una esmerada educación musical, y desarrollo una temprana adoración por Beethoven, compositor al que dedico mucho estudio y atención. Aunque la mayor parte de su fama póstuma descansa sobre su trabajo como director, Furtwängler también fue un compositor, que se consideraba ante todo como tal, de hecho se dedico a la dirección orquestal con el propósito de presentar sus propias obras.
Al momento de realizar su debut como conductor Furtwängler tenía 20 años, y ya había escrito varias piezas musicales. Sin embargo, no fueron bien recibidas, y eso – combinada con la inseguridad financiera de una carrera como compositor – lo llevaron a concentrarse en la dirección orquestal. En su primer concierto, dirigió a la Orquesta Kaim (ahora la Orquesta Filarmónica de Munich) la Novena Sinfonía de Antón Bruckner. Posteriormente, actuó en Munich, Lübeck, Mannheim, Frankfurt, y Viena, antes de obtener trabajo en la Orquesta Estatal de Berlín en 1920, y en 1922 en la Orquesta Gewandhaus de Leipzig donde sucedió a Arthur Nikisch. Más tarde se convirtió en director musical de la Orquesta Filarmónica de Viena, de la Orquesta del Festival de Salzburgo y del Festival de Bayreuth, que era considerado como el mayor puesto que un conductor podía alcanzar en la Alemania de esa época.
Entre 1933 y 1945 importantes personalidades en el mundo artístico como poetas, pintores, compositores, actores y filósofos, así como destacados científicos, abandonaron Alemania. Algunos de ellos fueron Thomas Mann, Einstein, Hindemith, Else Bergner, Wassermann y muchos otros. Abrigaban la esperanza de acelerar la caída del Tercer Reich desde el extranjero con sus escritos o sus discursos. Furtwängler se quedó en Alemania. Aunque no le hubiera resultado difícil trasladarse al extranjero, pues a un director de su nivel se le hubieran abierto todas las puertas, ya fuera en Suiza, en Inglaterra o en los Países Nórdicos e incluso en los Estados Unidos.
Pero él, artista ante todo, sintió la responsabilidad para con sus conciudadanos: su misión no era otra que la de transmitir la gran herencia de la cultura alemana del pasado a fin de que fuera recogida por las generaciones futuras. Y sólo permaneciendo en Alemania podría cumplir aquella misión: Furtwängler expresó que no podía renunciar ni a su Viena, ni a su Berlín, ni a su propia afirmación como artista alemán.
La relación de Furtwängler – y actitud hacia – Adolf Hitler y el Partido Nazi fue un asunto de gran controversia. Cuando los Nazis llegaron al poder en 1933, Furtwängler se mostró muy critico de ellos. Incluso en 1934, se le prohibió conducir el estreno de la ópera Matías el Pintor de Paul Hindemith, por lo que la desilusión del conductor aumentó a tal punto que se rumoreo que seguiría los pasos de Erich Kleiber e iría al exilio. Aunque, Furtwängler nunca se unió al Partido Nazi ni tampoco aprobó lo que hacían, al igual que el compositor Richard Strauss, quien no escondía su desagrado por los Nazis, recibió un trato relativamente bueno por parte de los Nazis, era un figura importante en el ámbito cultural, como se evidencia en su inclusión en la “Lista Exenta Importante de Artistas” de Septiembre de 1944. Sus conciertos a menudo eran transmitidos a las tropas alemanas para subir la moral, aunque fue limitado por las autoridades en lo que podía presentar. Más tarde Furtwängler señalaría que trato de proteger la cultura alemana de los Nazis, y ahora se sabe que utilizo sus influencias para ayudar a músicos judíos a escapar del Tercer Reich.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, bajo una fuerte presión del Partido Nazi, Furtwängler huyo a Suiza. Fue durante este agitado periodo que compone la que sería su más significativa obra, la Sinfonía Nº2 en mi menor. El trabajo en la sinfonía comenzó en 1944, y continúo en 1945. Su estreno se realizó en 1948 por la Orquesta Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Furtwängler. Otras obras importantes que compuso fueron la Sinfonía Concierto para piano y orquesta y la incompleta Sinfonía Nº3 en do sostenido menor.
Luego de la Guerra Furtwängler retoma las presentaciones y grabaciones, continua siendo un conductor popular en Europa, aunque siempre bajo cierta sombra. Furtwängler es principalmente famoso por sus presentaciones de Beethoven, Brahms, Bruckner y Wagner. Sin embargo, también fue un defensor de la música moderna, y dio conciertos de las en esa época modernas obras como el Concierto para orquesta de Béla Bartók.
Una de las últimas grabaciones de estudio en las que participo fue la opera Las Valkirias de Wagner con la Opera de Viena. Unos días después de completar Las Valkirias, en un ensayo de su propia Segunda Sinfonía de regreso en Berlín, al sentirse incapaz de escuchar las líneas de apertura en un solo de fagot del segundo movimiento, Furtwängler lloró, bajó la batuta al atril y con voz quejumbrosa le dijo a la orquesta “Si, gracias, Caballeros…esto es todo, adiós”. Fue la última vez que Furtwängler enfrentó a una orquesta… cuatro semanas después, luego de una penosa y difícil agonía, totalmente sordo Furtwängler falleció en la Clínica Ebersteinburg, en las afueras de Baden-Baden el último día de noviembre de 1954.
Al finalizar nuestro programa dedicado a la labor de Wilhelm Furtwängler le invitamos a escuchar su última grabación. Difícilmente pueden encontrar otra Novena con tanta carga de dramatismo, con tanto peso emocional, la Novena fue una obra que Furtwangler adoraba y es de opinión de sus críticos y admiradores, que esta grabación nos deja un poderoso mensaje de superación de las adversidades y triunfo del alma frente al cuerpo. Después de este concierto, Furtwängler pasó en cama en su hotel por casi una semana, totalmente exhausto y vencido por el esfuerzo.
Sin embargo, para el propio Furtwängler, tal como le confeso a su esposa en sus últimos días de vida, esa Novena fue su favorita, dado que puso en ella toda su carga emocional, en sus palabras dijo: “interprete esa Novena cuando ya tenia un pie en el otro mundo".
Actualizado ( Martes, 06 de Octubre de 2009 22:27 )

