Obras Maestras: La Consagración de la Primavera de Stravinsky
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Igor Stravinsky comenzó la composición de su ballet "La Consagración de la Primavera" el verano de 1911 y lo completó el 8 de marzo de 1913. La obra fue dedicada a Nicolás Roerich.
La Consagración de la Primavera es una de las obras que marcaron los nuevos caminos para la estética musical del siglo XX. Shostakovich señaló que durante la primavera de 1910, una visión fugaz fue la inspiración para su creación: "Vi en mi imaginación un rito pagano solemne: los ancianos sabios, sentados en un círculo, observando a una muchacha que baila hasta morir. La están sacrificando para propiciar al dios de la primavera”. El empresario Serge Diaghilev se interesó en un ballet que acompañara la idea y le pidió al pintor Nicolas Roerich que elaborara una ambientación. Diaghilev presentía que la Consagración causaría un gran impacto por lo que se preocupó que el ballet estuviera a la altura de la música y contrató al gran bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinsky para que se hiciera cargo de la coreografía. Stravinsky trabajó estrechamente con ambos (Diaghilev y Nijinsky) ya que estaba inquieto sobre el resultado de la relación entre la danza con la música. Para ello anotó en forma específica las imágenes que tenía en mente para la puesta en escena.
La pieza al contrario de los ballets habituales no tiene argumento por lo que los ensayos presentaron grandes dificultades para los bailarines. A veces debían lidiar con escenas con una música de una complejidad sin precedentes, y a menudo debían bailar independiente de esa música. Se llevaron a cabo alrededor de 120 ensayos.
El estreno se realizó en París el 29 de mayo de 1913 en Teatro de los Campos de Eliseo dirigido por Pierre Monteux y fue la causa del mayor escándalo de la historia en la ejecución de una obra musical. Desde el primer compás de la introducción se comenzaron a oír expresiones de desaprobación del público. El descontento aumentó al momento de levantar el telón y observar el decorado del pintor Nicolás Rörich. La orquesta tocaba entre risas y gritos de protestas. La condesa de Pourtalés, conocida en los círculos teatrales más importantes de París, abandonó el teatro señalando que, a sus sesenta años, “era la primera vez que alguien se ha atrevido a tomarme el pelo!”. Los compositores Camilo Saint Saëns y Theodor Dubois, reconocidas figuras de la música francesa, expresaron su repudio en voz alta y clara. Por otro lado, Ravel entusiasmado gritaba que era una obra genial, Debussy pedía silencio para que pudiera oírse aquella música maravillosa, y Florent Schmidt llamaba cretino al embajador austriaco.
Indudablemente, la música constituía una tremenda sacudida para los oyentes. Stravinsky utilizaba unos medios de expresión extraños y mucho más violentos de los acostumbrados en las salas de París. La Consagración de la Primavera es una explosión exuberante de fuerza primitiva; la melodía apenas existe y se mueve en tonalidades extrañas: escalas orientales, modalidades litúrgicas y acentuados cromatismos; las armonías son audaces y provocadoras; el carácter principal es rítmico, un ritmo bárbaro, fantástico y estimulante; el compás cambia continuamente. Todo esto en una orquesta gigantesca con 23 instrumentos de madera, 19 de metal, 5 timbales y mucha percusión.
Después del verano de 1913, la coreografía de Nijinsy fue retirada del repertorio de los Ballets Rusos, y jamás volvió a ser bailada. Sin embargo, la opinión del público y de la crítica pronto cambió. En 1914, Pierre Monteux, que había dirigido el estreno, dirigió la primera presentación en forma de concierto de la Consagración. En esta ocasión el compositor fue llevado en andas triunfalmente desde el vestíbulo, sobre los hombros de la multitud. Desde entonces, aunque ha sido revivida como ballet (generalmente con coreografía), la obra ha sobrevivido principalmente en las salas de concierto. En realidad Stravinsky llegó a preferir esta forma más abstracta de presentar la pieza, a pesar del esfuerzo que había puesto en la coordinación de la danza con la música. Decidió que la danza era descartable, tal vez porque la música es tan física que exige la participación activa de cada oyente.
La sucesión coreográfica es la siguiente:
Primera Parte: El Beso de la Tierra. Celebración de la primavera. Tiene lugar en las colinas. Los flautistas y los jóvenes predicen el futuro. Entra la anciana. Ella conoce el misterio de la naturaleza y sabe cómo predecir el futuro. Muchachas jóvenes con rostros pintados llegan desde el río en fila india. Empiezan los juegos. El Khorovod [fingido secuestro de la novia] de primavera. La gente se divide en dos grupos enfrentados entre sí. La sagrada procesión de los ancianos sabios. El más viejo y más sabio interrumpe los juegos de primavera, que se detienen. La gente se detiene temblando ante la gran acción. Los ancianos bendicen la tierra de primavera. El beso de la tierra. La gente danza apasionadamente sobre la tierra, santificándola y fundiéndose con ella.
Segunda Parte: El Gran Sacrificio. Por la noche las vírgenes desarrollan juegos misteriosos, caminando en círculos. Una de las vírgenes está consagrada como la víctima y está señalada dos veces por el destino, ya que ha sido atrapada dos veces en el círculo perpetuo. Las vírgenes honran a la elegida con una danza marital. Invocan a los ancestros y encomiendan la elegida a los hombres sabios. Ella se santifica en presencia de los ancianos por medio de la gran danza sagrada, el gran sacrificio.
Actualizado ( Viernes, 13 de Agosto de 2010 12:44 )

