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Óperas

ATILA

Guiseppe Verdi (1813 - 1901)
Opera con prólogo y tres actos
Libreto: Temístocles Soera
Estreno: Teatro de la Fenice de Venecia el 17 de marzo de 1846


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Personajes:

Atila (Attila, rey de los hunos), bajo.
Aecio (Ezio, general romano), barítono.
Odabella (hija del señor de Aquilea, prometida de Foresto), soprano.
Foresto (caballero de Aquilea), tenor.
Uldino (joven bretón esclavo de Attila), tenor.
León (Leone, viejo romano, papa León I), bajo.

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-El argumento se desarrolla en el año 452 de la era cristiana. Durante el prólogo en Aquilea y la Laguna Adriática; durante los tres actos siguientes, en Roma.

Prólogo

Entre las ruinas de Aquilea, los hunos y los ostrogodos, aliados suyos, están celebrando la victoria, con proclamas al dios Odin y a su jefe Atila. Contrariamente a sus órdenes, el esclavo Ildino, apoyándose en el afecto que Atila le profesa, se ha permitido salvar a un grupo de mujeres que habían luchado con el invasor.

Entre ellas está Odabella, hija del soberano de Aquilea muerte en combate. Cuando Atila pregunta a Odabella qué hace armada allí, ella responde que las mujeres itálicas siempre están dispuestas para defender a su patria. Admirado por su valor, Atila le ofrece obsequiarle lo que ella solicite. Odabella no vacila en pedir una espada, con la oculta intención de matar a Atila en cuanto ella pueda.

Se van Odabella y las otras mujeres salvadas y Atila recibe al enviado de Roma. Es Ezio, general que en otras ocasiones había derrotado a Atila. En privado, Ezio expone a Atila su lucha por defender el trono gobernado por Valentiano III, un muchacho indolente e inexperto.

Ezio propone que sería mejor que Atila se quedara con todo el mundo y le dejará a él el dominio de Italia. El bárbaro no acepta, con lo cual Ezio tendrá que continuar defendiendo Italia como enviado del joven Emperador.

Embarcado frente a la laguna adriática (donde más tarde se alzará Venecia). Es la madrugada y una tempestad está disipándose. Un grupo de ermitaños está rezando ante un altar de piedra. Llegan barcas de refugiados de Aquilea dirigidos por Foresto, un valeroso luchador que los ha salvado y amante de Odabella, de quien está preocupado por saber su paradero.

Sale el sol, que todos toman como un buen augurio y Foresto, dirigiéndose a los refugiados, los anima a fundar una ciudad en aquel lugar que se alce como un ave fénix.

ACTO I

En el camino que conduce a Roma, no lejos de la ciudad, donde Atila ha montado su campamento previo al asalto. Odabella, que ha viajado con Atila, recuerda a su padre y a Foresto. De pronto aparece éste ante Odabella, pero cuando ella quiere abrazarlo, Foresto la rechaza, increpándola por sonreír al asesino de su padre y convivir con él mientras, su amado, se juega la vida por encontrarla. Odabella le recuerda la historia bíblica de Judith, quien en similares circunstancias salvó a Israel. Foresto comprende su error y le pide perdón, para luego abrazarla tiernamente.

En su tienda, Atila ha tenido una pesadilla: en su avance hacia Roma un anciano le ha impedido el paso con un poder invencible. Para superar el temor que le infunde esta visión, Atila llama as sus huestes y ordena avanzar sobre Roma. Pero se oyen los himnos de doncellas y niños romanos y ante la comitiva aparece el mismo anciano del sueño de Atila. Es el obispo de Roma, que impide el avance de las tropas invasoras con un gesto imperioso. Impresionado, Atila se postra ante la figura de Dios, provocando gran extrañeza entre los suyos.

ACTO II

En el campamento de los romanos, Ezio lee una carta del emperador en la que impone una tregua con los hunos y le ordena regresar a Roma. Ezio se siente molesto por el hecho de que un joven emperador le de órdenes.

Llega un grupo de hunos para invitar a Ezio a un banquete con Atila. Estos se van, pero uno de ellos se queda. Es Foresto, disfrazado, quien no importándole morir luchando por Roma pide a Ezio que dirija un alzamiento contra Atila.

Se celebra el banquete en la tienda de Atila. Se anuncia la llegada del enviado romano y Atilo lo recibe con honores. Un grupo de druidas asegura que el dios Odin no quiere que Atila se siente a la mesa con sus enemigos. Atila no hace caso, pero durante la comida hay una tempestad que deja la tienda en penumbras. Foresto ha aprovechado la confusión para echar vino envenenado en la copa destinada a Atila. Esto indigna a Odabella, porque quiere ser ella misma quien mate al tirano. Mientras tanto se han vuelto a encender las antorchas y Atila está a punto de brindar por su dios cuando Odabella detiene el brindis y le advierte el peligro que contiene la bebida. Furioso, Atila exige saber quien es el responsable.

Foresto se adelanta y Atila quiere matarlo, pero Odabella pide que le entreguen a Foresto como esclavo, como premio por haber salvado a Atila. Este accede, pero anuncia otro premio para Odabella, será su esposa y reina. Odabella ordena a Foresto que huya, cosa que éste hace no sin maldecir ante la aparente traición de su amada. Los hunos reunidos exigen a su jefe que prosiga su interrumpido avance contra los romanos.

ACTO III

En un bosque Foresto espera oculto tener noticias de la anunciada boda de Atila con Odabella, a quien sigue considerando una traidora. Se oyen cánticos nupciales a distancia y aparece Odabella, disputando con el fantasma de su padre el derecho a casarse con Atila. Foresto se da a conocer y le dice que es demasiado tarde para arrepentirse de ello, pero Odabella le jura que nunca ha dejado de amarlo.

Llega Ezio y poco después Atila, quien encontrándolos reunidos los acusa a todos de traidores. Soldados romanos, instruido por Ezio y Foresto se precipitan contra Atila para darle muerte, pero Odabella se les adelanta y, tomando la espada que el invasor le había regalado, la empuña y la entierra en el corazón de Atila.

Actualizado ( Sábado, 07 de Noviembre de 2009 10:09 )


"Componer no es difícil, lo complicado es dejar caer bajo la mesa las notas superfluas".
Johannes Brahms (1833-1897) Compositor alemán.

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