“La verdad es que no me considero un divulgador”, afirmó Fernando Izaurieta Aranda. “Soy físico teórico, y realizo investigación científica en la UdeC junto a muchos otros colegas penquistas”. Sin embargo, admite, “lo que sucede es que también tengo un deseo intenso de compartir con todo el mundo los grandes descubrimientos y misterios del universo. ¿Desde cuándo quiere uno compartir cada cosa que aprende? ¡Desde siempre! Los humanos amamos compartir lo que nos apasiona, lo que descubrimos y lo que creamos. Está en nuestro instinto; los humanos somos los animales que exploran y descubren para sobrevivir”, enfatiza.

Izaurieta es doctor en ciencias físicas, académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Concepción. Su investigación aborda temas como la Teoría General de la Relatividad de Einstein, la supergravedad, materia y energía oscuras, y los agujeros negros, que inspiraron el libro “Agujeros Negros, destructores del tiempo”, que presentó en la UdeC el pasado viernes 16, a través de la cuenta oficial de Instagram de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

Y es que ahí está su pasión: la divulgación científica

“Un hito ocurre cada vez que un niño te hace una pregunta increíble sobre los más grandes misterios del universo, y te ves obligado a responder que no sabes la respuesta, y más aún, que nadie en el mundo sabe la respuesta aún. Tú no tienes forma de saberlo, pero el día de mañana quizás ese niño puede descubrir la respuesta y cambiar la historia humana”, explica sobre su motivación. “Es un momento que te recuerda todo lo que aún hay que descubrir, la emoción de lo inexplorado y lo apasionante que es la ciencia”.

En este sentido, el académico explica que “con otros científicos, hemos hecho muchas cosas: charlas, vídeos, programas de televisión, etc. También hemos creado una institución sin fines de lucro para la divulgación de las ciencias, la Fundación 42. Ahora ha visto la luz este libro; el día de mañana será otra cosa. Pero para mí, lo más importante ocurre cada vez que conversas con la gente, respondes sus preguntas y ves cómo se iluminan sus ojos. En ese momento, te das cuenta de que ellos también se están enamorando del universo. Eso es impagable, hace que todo el trabajo y el esfuerzo valgan la pena”.

En cuanto a si se requieren algunas habilidades especiales para divulgar la ciencia, el Dr. Izaurieta afirma que no. “Creo que no hacen falta ‘habilidades mágicas’ comunicacionales. Yo mismo no tengo ninguna habilidad especial, de hecho, en mi vida personal soy bastante reservado. Más que ‘habilidades’, se trata de amar tanto a tu comunidad que sientes la necesidad de compartir con ellos lo que te apasiona, en este caso, la ciencia. Hacer divulgación científica es difícil, y requiere un montón de preparación, trabajo, tiempo y esfuerzo. Primero debes ser investigador científico, y tener una perspectiva científica amplia y profunda de lo que deseas contar. Además, requiere mucho corazón, amor y empatía con la gente. No es algo que puedas hacer en cinco minutos después del trabajo mientras piensas en otra cosa. Al contrario, debes invertir tu 200%”, explica.

“Pese a todo, vale la pena el esfuerzo”, afirma. “La ciencia es lo más valioso que tenemos. Es lo que nos permite como sociedad enfrentarnos a problemas que parecen imposibles. La ciencia es lo que nos transforma en un trozo de universo con la capacidad de comprenderse a sí mismo. Como científicos, no estamos en el vacío, somos parte de la sociedad. Si queremos que la ciencia y la civilización existan el día de mañana, debemos comunicar su importancia a todo el mundo, y que toda la gente comprenda que la ciencia es el pilar fundamental que sostiene nuestra civilización planetaria”, detalla.

La tarea pendiente

En toda esta gran meta de comunicar más y mejor los resultados y desafíos científicos, hay instituciones como el Estado y las universidades que juegan un rol decisivo. “Un problema fundamental de muchas instituciones universitarias y estatales es la actitud con la que ven la divulgación científica. Pese a ser algo que va en beneficio directo de la ciudadanía, muchas veces se ve como algo accesorio, casi de segunda categoría. En muchas instituciones se le da un ‘apoyo moral’ de palabra, pero casi no se reconoce como horas de trabajo real, y el financiamiento estatal es escaso y difícil de postular”.

“En las instituciones”, detalla, “las palabras y los hechos muchas veces no se condicen. Por ejemplo, en muchas partes cuando comparas el cómo se evalúan las horas de trabajo que dedicas a cualquier otro quehacer, y las horas de trabajo que ocupas en divulgación científica, notas de inmediato que (con honrosas excepciones) la divulgación científica es considerada en la práctica como algo secundario. Eso no debería ser así, por la sencilla razón de que el bienestar de la ciudadanía debe ser nuestra preocupación principal. En mi facultad he tenido la muy buena suerte de tener jefes que sí reconocen la importancia de las horas dedicadas a la divulgación, y entregan el espacio para ese tipo de actividades. Pero también reconozco que eso es una tremenda fortuna, y que muchos de mis colegas que trabajan en otros lugares no tienen esa suerte”.

“Eso tiene consecuencias directas en la sociedad como un todo”, enfatiza. “Un mundo que no es consciente de la importancia de la ciencia es un mundo que se dispara en los pies. Ya estamos sufriendo las consecuencias de este descuido social, basta ver cosas absurdas como el movimiento terraplanista y otras que nos ponen en riesgo mortal, como el movimiento antivacunas”.

Libro “Agujeros Negros: destructores del tiempo”

Para Izaurieta, los agujeros negros son los monstruos más feroces y misteriosos del universo. “Todo sobre ellos es extremo”, dice. “De acuerdo a la Relatividad General de Einstein, ellos incluso destruyen el tiempo en la singularidad en su interior. Aún más, guardan la clave para resolver el acertijo más difícil y más importante que nos haya colocado el universo, el rompecabezas de gravedad cuántica. Probablemente, incluso el futuro a largo plazo de la humanidad dependerá de si podemos resolver este enigma”.

El experto afirma que el mensaje central del libro “Agujeros Negros, destructores del tiempo”, es la importancia de la ciencia. “Por eso este libro habla de los más grandes misterios del universo usando un lenguaje accesible, es un libro ‘en chileno’. En él se explica astrofísica usando cosas muy nuestras, como las uvas, el vino, el cochayuyo y hasta los versos de Violeta Parra. Su mensaje fundamental es que la ciencia es la herramienta para hacer real lo que parece imposible, y que como siempre digo, que ciencia es magia que funciona”.

El Director de Investigación y Creación Artística de la UdeC, Dr. Ronald Mennickent Cid, destacó el trabajo del académico: “La divulgación científica realizada por un científico tiene el doble mérito de una base sólida de conocimiento y de la maduración de las ideas, que puede significar comunicar ciencia en lenguaje accesible al público general. En este contexto, celebramos el libro del Profesor Izaurieta, que viene a llenar un espacio de literatura en español sobre un tema que apasiona a grandes y chicos y que es objeto de recientes e importantes avances astronómicos. El Profesor Izaurieta continua así una reconocida labor de divulgación en un tema que es de su especialidad y constituye un ejemplo a seguir para investigadores apasionados por su ciencia”.

El volumen ya está disponible en Buscalibre y en todas las principales librerías del país. “Es un libro de divulgación científica ilustrado a todo color y apropiado para todas las edades. Parte de lo recaudado de las ventas del libro será utilizado por una fundación sin fines de lucro, la Fundación 42, en nuevos proyectos de divulgación científica para toda la comunidad”, finaliza su autor.

Fuente: Comunicaciones Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VRID).