Por Germán Catalán Ovalle, Magíster en Política y Gobierno UdeC, Investigador asociado a Creasur UdeC.

Es imposible estar ajeno a los desastres ambientales que ocurren en el mundo, muchos de ellos ocasionados por nosotros. Estamos a nada de que en el 2050 haya más residuos plásticos que peces en el océano, según la ONU. Dato que, hoy, debemos manejar.

22 de abril, Día de la Tierra. Cada año las personas nos manifestamos en favor de ella y aparecen pancartas con la consigna “No hay plan (eta) B” contra el Cambio Climático.

Debemos reflexionar que cada acción humana (antropogénica) genera consecuencias devastadoras para la naturaleza, solo con recordar lo que ocurrió en el Golfo de Arauco en 2004, con el derrame de miles de litros de elementos químicos lo que provocó una mancha negra en el mar produciendo intoxicación en balnearios

A esto hay que sumar que el extractivismo forestal, tanto en la provincia del Itata (Ñuble) como en la provincia de Arauco (Bío Bío), está siendo una amenaza para el desarrollo económico y medio ambiente del lugar, sobre todo para los habitantes que se dedican al cultivo de hortalizas, como los que rescatan las tradiciones ancestrales.

En Ñuble, entre el 2008 y 2015, la agricultura pasó de tener un terreno de 33,7% a un 29,6% lo que es un descenso de 4.1% en siete años, según la FLACSO; como si fuera poco, al 2015 los “bosques” representaban el 49,3% de la región de Ñuble, de los cuales un 29, 1% son plantados, expandiendo así, año a año, el negocio del monocultivo pino y eucaliptus. Para qué entrar en el detalle de los incendios que se producen debido a este mercado, el Cambio Climático y la “gracia” de algunos pirómanos.

El año pasado, a la empresa Salmones Blumar se les escaparon más de 100 mil peces del centro de cultivo Caicura, en el Seno de Reloncaví, región de Los Lagos. En la misma región, Salmones Camanchaca reportó la muerte de 1.6 millones de peces. Estos daños ambientales pueden alterar la biodiversidad nativa en la zona.

Por otro lado, la sequía, desertificación y suelo degradado afecta a por lo menos el 76% del territorio nacional, índica Fundación Chile, con casos dramáticos como Petorca y Putaendo donde se pierden miles de animales en busca de este vital bien, el agua.

En Chile, también están las denominadas Zonas de Sacrificios (Coronel, Quintero-Puchuncaví, Huasco, Mejillones y Tocopilla) donde existe alta concentración industrial afectando la calidad atmosférica y de vida de las personas.

Ahora bien, todo esto a nivel nacional para no referirme a la destrucción del Amazonas en Brasil, la contaminación en el delta del río Níger en Nigería, vertederos electrónicos en China o el continente de plástico en el Pacífico que tiene una extensión de siete veces España.

Para que aportemos desde Chile, tenemos que pensar en entregar una mayor y eficaz participación ciudadana vinculante en las decisiones locales como también ejercer control del poder político. Junto a esto, se hace hincapié en promover el uso responsable de los recursos por medio del Desarrollo Sostenible, generar un ordenamiento territorial de corresponsabilidad entre todos y todas para mitigar los efectos del Cambio Climático.

Si actuamos con capacidad y pensando en seguir habitando este planeta, desde este país podemos dar un ejemplo de manejo de crisis socioambiental o, en su defecto, tendremos que cerrar por fuera e irnos a contaminar, lamentablemente, a Marte.