Lo que era caos, bocinas y largas filas, pudo transformarse en un flujo ordenado, reduciendo los tacos en horario escolar, uno de los puntos más críticos de la movilidad urbana matinal, sin necesidad de ampliar calles ni realizar grandes inversiones. Así lo demostraron los resultados de Un beso y chao, iniciativa impulsada por City Lab Biobío, que mostraron mejoras sustantivas en tiempos de viaje, orden vial y seguridad en el entorno del colegio donde se implementó el plan piloto.

El análisis —basado en mediciones con drones, observación en terreno y estudio de datos en conjunto con Solutiva Consultores— comparó el comportamiento del flujo vehicular en dos escenarios distintos: una semana con la implementación del sistema y una segunda semana sin el plan piloto. La iniciativa se basa en la experiencia del sistema “Kiss & Ride”, utilizado en distintas ciudades europeas, donde ha demostrado resultados positivos en la gestión del flujo vehicular en entornos escolares.

Los resultados muestran que, en la pista destinada a la detención de vehículos, el tiempo para recorrer la cuadra se redujo de 139 a 50 segundos en promedio, lo que equivale a una disminución de casi tres veces en la congestión. A esto se suma una reducción significativa en la extensión de las filas, que pasaron de más de siete vehículos en promedio a cerca de 2,6.

Asimismo, el tiempo de detención para dejar a los estudiantes también mostró una mejora relevante: se redujo en aproximadamente un 50%, pasando de 80 a cerca de 33 segundos, lo que no solo agiliza el flujo, sino que también refleja un cambio en el comportamiento de los conductores.

“Lo que vemos es que, con reglas simples y coordinación, es posible ordenar un problema que muchas veces se asume como inevitable. No se trata solo de mover autos más rápido, sino de generar un sistema que funcione mejor para todos. La ciencia de datos nos permite, sin grandes inversiones, identificar y evidenciar soluciones que tienen impactos concretos en la ciudad y en la calidad de vida de las familias”, explicó Fernando Pérez, director principal de City Lab Biobío.

El piloto desarrollado en el Colegio Bautista de Concepción contó con el apoyo de auxiliares, profesores y estudiantes de cuarto medio, además de alumnos de la carrera de Prevención de Riesgos de la Universidad Técnica Federico Santa María, quienes colaboraron en el descenso de los estudiantes desde los vehículos y los acompañaron hasta la entrada del establecimiento, evitando que los apoderados se bajen de sus autos para dejar a sus hijos y con esto generar congestión.

Otro de los hallazgos clave del estudio es el impacto en la seguridad vial. Durante los días sin intervención se registraron múltiples episodios de bloqueo de pasos de cebra, mientras que con el sistema en funcionamiento no se detectaron eventos de este tipo.

“Si esta medida se implementa en otros establecimientos educacionales —muchos de los cuales cuentan con calles de una sola pista por sentido—, los efectos podrían ser incluso mayores, ya que actualmente se genera una sola fila que mezcla el flujo de paso con el de dejada de pasajeros”, agregó Marcela Martínez, directora de estudios del laboratorio de ciudad.

Desde City Lab Biobío sostienen que estos resultados abren una oportunidad para replicar este tipo de medidas en otros establecimientos educacionales, especialmente en contextos urbanos donde la infraestructura vial es limitada y los márgenes de acción son acotados. La evidencia, agregan, muestra que soluciones de gestión —basadas en datos y coordinación— pueden tener efectos significativos en problemas complejos como la congestión escolar, sin necesidad de intervenciones estructurales de alto costo.