El Microcine Molina, una nueva sala de cine independiente ubicada en pleno Centro de Concepción, responde a una necesidad detectada en Concepción, los gestores advirtieron la falta de alternativas fijas dedicadas al cine en la ciudad, frente al cierre y la escasez de salas tradicionales. Tras varios años de trabajo e implementación, el proyecto busca instalarse como una alternativa permanente que recupere la tradición cinéfila local y acerque diferentes obras a la comunidad.
Respecto a los orígenes del proyecto y la propuesta de valor frente a los cines comerciales, la directora del Microcine Molina, Andrea Seguel Mora, explicó que la propuesta nació durante la pandemia, en conjunto con Roberto Molina, director de la Fundación Espacio Cultural Microcine Molina, y que el valor del recinto radica en su comunidad. «Lo que nos diferencia y el gran potencial del microcine es la cercanía, que sea un espacio íntimo, son 12 butacas, y también el tema de la mediación, que se van a generar diálogos en el espacio que naturalmente ya se están dando», indicó.

Fotografía por: Feddy Lizama
En cuanto al emplazamiento, el microcine se ubica en Orompello 104, esquina Chacabuco, un sector caracterizado por su flujo gastronómico, bares, la Plaza Perú y la cercanía al campus de la Universidad de Concepción, buscando nutrir y refrescar el circuito cultural de la zona. El proyecto se encuentra en la etapa de pre-apertura, y comenzará a funcionar de forma gradual hasta la inauguración oficial, proyectada para noviembre.
Sobre la relación de la sala con su entorno urbano y comunitario, la directora destacó que la iniciativa se integra de forma armónica con el entorno y aportará una oferta cinematográfica que revitalizará el centro penquista.
El diseño arquitectónico de la sala estuvo a cargo de Natacha Saegel y Jorge Kuhn, quienes estructuraron el lugar en dos niveles con dinámicas espaciales complementarias: un primer piso flexible y luminoso orientado al diálogo, libros y exposiciones, y un segundo piso enfocado estrictamente en la experiencia audiovisual.
En relación con el concepto arquitectónico y el fomento de la mediación cultural, la directora precisó que «el primer piso es el diálogo, es la luz, es el encuentro, con mobiliario flexible para talleres; la escalera es el conector con un color bien imponente, y el segundo piso es un espacio más introspectivo en donde el espectador se encuentra con la pantalla y no hay estímulos».

Fotografía por: Feddy Lizama
La entrada funcionará bajo la modalidad de aporte voluntario, mientras que la difusión de la cartelera semanal se realizará por medio del Instagram oficial @microcinemolina. Entre las proyecciones a largo plazo, el espacio busca salir del recinto físico para vincularse con los barrios a través de talleres para las infancias, narración oral, microteatro, teatro de sombras, sesiones musicales con bandas y grabaciones de podcasts.
La actriz y pedagoga teatral se refirió también a la expansión a futuro del espacio.
Finalmente, ante la convivencia entre los formatos independientes y las grandes cadenas de cine o cultura, el equipo directivo del Microcine Molina enfatizó la importancia de sumar nuevas pantallas a la ciudad para fortalecer la oferta artística y la libertad de elección del público penquista.

Fotografía por: Feddy Lizama
Al referirse a la comunidad que busca alternativas a lo tradicional, la directora concluyó que «Cada persona es libre de elegir dónde quiere ver cine, entre más alternativas tengamos creo que es mejor para todos. No sé si es competencia, porque somos espacios diferentes, y entre más lugares y más películas hayan en cartelera, más teatro y más música, mucho mejor para todos porque es lo que falta».



