En su reciente libro “Teorías conspirativas. La ciencia detrás de la creencia”, publicado por Penguin Random House, el bioquímico y destacado divulgador científico Gabriel León se adentra en uno de los fenómenos más llamativos de nuestro tiempo: ¿por qué creemos en ideas que desafían la evidencia?
En el texto, el Doctor en Biología Molecular y Celular explica cómo nuestro cerebro busca patrones, intenciones y certezas incluso donde no las hay, y cómo la desconfianza, la ansiedad y la necesidad de pertenencia pueden transformar dudas en convicciones.
En conversación con Radio UdeC, León indicó que sus motivaciones para escribir este libro surgieron desde “el afán por entender cómo las personas gestionan y mantienen sus sistemas de creencias, y en ese contexto lentamente comienza a aparecer un tema recurrente, que son las teorías conspirativas, como una suerte de laboratorio para entender por qué creemos en lo que creemos, y a partir de esa investigación surgió la idea de poder generar un libro que explicara, en primer lugar, qué son las teorías conspirativas, cómo se construyen a partir del funcionamiento del cerebro, el rol que cumplen, por ejemplo, el temor, la incertidumbre, la desconfianza; y eventualmente ver si existen formas de evitar los daños que estas teorías producen en los individuos y también en las sociedades”.
El investigador agregó que “si bien internet y las redes sociales han tenido un impacto en la velocidad con la cual se difunden, las teorías conspirativas como fenómeno narrativo son tan antiguas como la humanidad”.
Respecto a quiénes son más proclives a creer en las teorías conspirativas, el divulgador científico explicó que “las investigaciones actuales muestran que la adhesión no depende de un déficit cognitivo o de información, sino de una manera de ver y entender el mundo”.
En el libro, además de otros ejemplos, destaca la situación que se generó en torno a la pandemia del covid-19, “una suerte de laboratorio psicológico que permitió entender en tiempo real cómo se movilizaban las teorías conspirativas”.
“Al comienzo, cuando la información era difusa y no había claridad, automáticamente comenzamos con las explicaciones, que de hecho describen muy bien lo que es una teoría conspirativa: un plan de personas poderosas que en las sombras manipulan lo que ocurre en beneficio personal y en desmedro de la sociedad, y muchas personas lo sintieron así y, por lo tanto, calzan muy bien con la idea de teoría conspirativa”, describe el científico.
León agregó otro factor inherente a las teorías conspirativas, y que se vio reflejado en medio de la pandemia: la polarización y la búsqueda de pertenencia, principalmente, entre quienes se vacunaron y quienes no.
Uno de los objetivos implícitos del libro es aprender a reconocer las teorías conspirativas. En ese sentido, el autor señala que desmentirlas con distintos argumentos “es tremendamente difícil, se requiere una cantidad de tiempo y energía enorme”, por lo tanto, lo que se propone es “identificar la estructura que tienen”.
“Cuando los estudiantes en el colegio aprenden a reconocer esa estructura, saltan las alarmas y se dan cuenta de que hay algo raro en el relato… aprender a reconocer la estructura de la teoría conspirativa ayuda a combatir que se instale en el cerebro de las personas, porque una vez que se instala, es muy difícil sacarla de ahí”, complementó.
Sobre la Inteligencia Artificial y la difusión de noticias o información falsa, el divulgador científico planteó que “necesitamos la colaboración de la ciudadanía, desde el punto de vista de formarse y entender cómo funciona la tecnología, pero también, y de manera aún más urgente, del rol del Estado regulando la manera en la que estas plataformas tecnológicas pueden alterar la realidad”.
Finalmente, en cuanto al rol de las y los investigadores y el desafío de comunicar lo que están realizando, señaló que “es de suma relevancia hablar no sólo del qué, de lo que se descubre, sino del cómo, cuál es el mecanismo, cuál es la manera, cuál fue la investigación sistemática que se siguió, cómo se seleccionó la evidencia, cómo eventualmente se sacó la conclusión. Si nos limitamos a mostrar sólo los productos de la ciencia, las personas no van a entender cómo llegamos ahí y va a quedar la sensación de que, al final del día, estos conocimientos como que aparecen sencillamente, y no es así. La ciencia es mucho más que el conocimiento que produce”.
Escucha aquí la entrevista completa con Gabriel León:





