José Antonio Kast Rist

Partido Republicano

Abogado, ​líder del Partido Republicano, exdiputado y candidato presidencial en las elecciones de 2017 y 2021​.​ Ejerció como concejal de la comuna de Buin y como diputado durante cuatro periodos consecutivos.

Lineamientos programáticos

Estimados Compatriotas:

Hace más de un siglo, en medio de la crisis del centenario, Enrique Mac Iver se preguntaba sobre qué atajaba el poderoso vuelo que había tomado la República, refiriéndose al estanca- miento del avance que había tenido nuestro país en las décadas previas. En particular, hablaba del crecimiento explosivo del aparato del Estado; del aumento del delito y la inseguridad; del freno de la producción y del debilitamiento de las arcas fiscales; de las bajas tasas de natalidad; y de la degradación política y electoral.

Los desafíos de Chile hace 120 años no eran muy distintos a las emergencias que enfrentamos en esta hora.

Tenemos una emergencia en seguridad, que encierra a las familias en sus casas, mientras los criminales se pasean libres en las calles y los extranjeros violan impunemente nuestras fronte- ras todos los días.

Una emergencia económica, que se refleja en un país que no crece y que ha perdido su productividad, donde aumenta consistentemente el costo de vida; y donde el desempleo es la cruda realidad que viven cientos de miles de personas.

Una emergencia social, donde uno de cada cinco chilenos vive en pobreza, millones esperan por una atención de salud o una vivienda que nunca llega y donde la educación en vez de ser un vehículo de ascenso social, se ha convertido en una condena perpetua a la falta de oportunidades. Un país donde cada vez nacen menos chilenos, en un derrotero que nos lleva a la extinción como sociedad.

Estas tres emergencias tienen un factor común: la crisis de un Estado que, en lugar de ser un motor del desarrollo y un apoyo para las personas y las familias, se ha transformado en un gran obstáculo, atrapado en su propia burocracia, en su obsesión regulatoria y en un gasto público desbordado, que no le mejora la vida a nadie. El Estado ha dejado de estar al servicio del bien común y ha abandonado su misión de resguardar el orden y la seguridad.

Son estas emergencias, y muchas otras, las que marcan el estancamiento de Chile, emergencias que ni este gobierno, ni los anteriores, han sabido enfrentar con decisión, convicción y voluntad.

Esta carta es un compromiso.

 Es un pacto con la ciudadanía. Un pacto que encabeza nuestro programa de campaña, inspira nuestro plan de gobierno y compromete las definiciones en las distintas iniciativas que hemos planteado y seguiremos planteando en los próximos meses.

Pero más importante aún, es un pacto que nos obliga, desde el primer día, a rendir cuentas.

No nos vamos a resignar a ver cómo la delincuencia y el narcotráfico mandan en los barrios, cómo las listas de espera se eternizan, cómo el que trabaja y cumple se siente solo frente a un Estado que crece sin control y que se financia a partir de todos nuestros esfuerzos por salir adelante.

Durante demasiado tiempo, la improvisación, la ideología y la falta de rumbo han detenido nuestro avance. Sin embargo, éste no es el final de nuestra historia. Ahora es el momento de abrir un nuevo capítulo, de levantar la vista, mirando hacia el futuro que que- remos ofrecerle a las generaciones venideras y tomar la decisión de volver a creer.

Llevamos años recorriendo cada rincón de Chile. En ferias, terminales de buses, hospitales y liceos, he escuchado la misma mezcla de rabia y cariño por nuestro país: rabia por la impunidad y la mediocridad; cariño por lo que fuimos capaces de construir cuando trabajamos unidos por nuestra Patria.

Chile es una gran Nación, llena de buenas personas que quieren lo mejor para sus hijos. Si la ciudadanía nos confía el mandato para impulsar el cambio radical que nuestro país necesita, entonces no estamos condenados al fracaso por causa de malos gobiernos.

En lo más profundo de nuestra historia y en el corazón de su gente, late aún la fuerza de un país llamado a alcanzar el desarrollo, a convertirse en un lugar donde la esperanza no sea un sueño, sino una certeza.

Chile tiene todo para levantarse: trabajadores, profesionales y emprendedores comprometidos con la reconstrucción del alma de nuestra nación; hombres, mujeres, jóvenes y viejos, chilenos todos.

El mundo, como nunca, necesita justo lo que Chile produce: cobre, energías limpias, litio, alimentos, hidrógeno y combustibles verdes. El desarrollo, la oportunidad de un mejor Chile para todos, está a nuestro alcance.

Nuestro compromiso es claro y firme: Chile volverá a ser un país seguro. Chile volverá a crecer y generar empleos. Chile volverá a soñar. Chile volverá a progresar en libertad.

Levantaremos un gobierno de acción y de propósito, que marque un antes y un después, apoyándonos en tres pilares sólidos: recuperar el orden y la autoridad; reimpulsar el progreso económico y el trabajo; y restaurar la libertad, dignidad y justicia para todos los chilenos.

Las emergencias no se enfrentan con medidas tibias. Para enfrentar estas múltiples urgencias, implementaremos un gobierno de emergencia, que se haga cargo del Estado que se ha vuelto ineficaz, que impulse cambios profundos con decisión, rapidez y sin complejos. Un gobierno que una fuerzas para sacar a Chile del estancamiento, que libere a los chilenos para emprender y trabajar, donde el mérito se premie y las oportunidades no queden para apitutados.

En este documento estamos presentando los lineamientos programáticos y ejes fundamenta- les de nuestro pacto con los chilenos. No es una lista de deseos, es una forma de gobernar: metas públicas, equipos comprometidos y control ciudadano permanente. Sé que algunos dirán que es imposible, pero cuando hay convicción y compromiso, nada es imposible. No les prometo una vida sin problemas; les propongo un gobierno que se haga cargo. Un gobierno que, en lugar de explicar por qué no se puede, se dedica a trabajar para resolver y solucionar los problemas.

Creemos en la libertad de las personas y de las familias para forjar su destino. Creemos en la iniciativa privada que innova, crea y genera empleo y en un Estado que impulsa y acompaña, no que frena y asfixia. Enfrentaremos a la inseguridad que encadena el progreso, derrotando sin titubeos al crimen organizado, al narcotráfico y al terrorismo. Creemos que el trabajo digno es la llave que abre la puerta del progreso, que la oportunidad es el verdadero motor de un país y que cuando las personas pueden desplegar sus talentos, el futuro se llena de luz.

Queremos un Chile donde cada joven tenga la posibilidad de construir su vida con esfuerzo y esperanza; donde cada familia pueda hacer realidad el sueño de su casa propia y decidir la mejor educación para sus hijos, una que abra horizontes y no imponga barreras; donde el emprendimiento florezca y no se vea aplastado por la burocracia.

Esta es la hora de la unidad y del coraje. La hora de dejar atrás el miedo y asumir la responsabilidad que la historia nos demanda. Junto a mi equipo, nos hemos preparado para esto y estamos dispuestos a hacer todo lo necesario para cumplir esa promesa.

Sabemos que no será fácil, pero también sabemos que Chile nunca se ha rendido frente a la adversidad.

Vamos a devolverle al país la confianza en sí mismo, a recuperar su dinamismo económico, pero siempre con un norte claro: que el crecimiento esté al servicio de la persona y de su desarrollo integral.

 No partimos de cero, partimos de lo más valioso que tenemos: la gente de Chile, su fuerza, su talento, su amor por esta tierra. Juntos, con decisión y fe, vamos a construir un país seguro, próspero y justo, donde cada chileno pueda decir con orgullo: este es mi hogar, este es mi futuro, este es mi Chile.

Volvamos a hacernos una pregunta sencilla: Qué ataja hoy el vuelo de Chile? Si la respuesta es el miedo, la mediocridad, el abandono y la burocracia, entonces la solución es la Fuerza del Cambio: carácter para ordenar, compromiso para unir y trabajo para levantarnos juntos. Orden para crecer; fuerza para cambiar.

Queremos volver a ese Chile que trabaja, que sueña, que no se rinde. Ese Chile que se supera, que se levanta frente a la adversidad, ese Chile que abre camino para todos. Y eso solo será posible si recuperamos el sentido del esfuerzo, de la libertad y del orden.

No hemos venido a acostumbrarnos a la decadencia. Venimos a recuperar la esperanza.

No hemos venido a administrar la mediocridad. Venimos a construir grandeza.

¡Viva Chile!

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