A la oscilación de la temperatura de la superficie del Océano Pacífico entre fases de calentamiento, conocido popularmente como “El Niño”, y enfriamiento, “La Niña”, se le denomina como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), producido por la interacción entre el océano y la atmósfera.

De acuerdo a la organización internacional Oceana, el ENOS es la señal más fuerte del clima a nivel global. Los efectos más evidentes son fuertes precipitaciones o sequías, mientras que en el océano se generan cambios de la temperatura superficial y del nivel del mar, así como variaciones en los ecosistemas marinos y en la composición de especies, principalmente en las aguas costeras.

Varios reportes alertan sobre un fenómeno de El Niño que durante 2026 alcanzaría mayor intensidad. En ese marco, el Dr. Francisco Lang Tasso, académico de Geofísica UdeC, explicó sus principales características.

Según el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), conocida como la agencia científica del gobierno de Estados Unidos, elevó al 82% la probabilidad de que El Niño llegara entre mayo y julio, y al 96% la posibilidad de que persista entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. Esas señales encendieron las alarmas.

Sobre las predicciones de los modelos climáticos para este año, el experto en Ciencias Atmosféricas indicó que “los pronósticos muestran que va a ser un Niño muy fuerte. Lo definimos así cuando supera dos grados de diferencia de temperatura que es bastante alto”.

En Chile, El Niño provoca un aumento tanto de la temperatura superficial del mar como de precipitaciones, desde la zona norte hasta el centro, cubriendo del altiplano a la costa.

¿Cuál es la relación entre El Niño y el cambio climático? El investigador mencionó que “todavía no está claro cuál es el efecto directo, se está estudiando, porque no solamente son efectos en precipitación y temperatura, también hay variaciones en la circulación y vientos”.

Anticipar de forma exacta El Niño es relativamente reciente. Los primeros modelos de predicciones se crearon a fines del siglo pasado. Desde que existen esas mediciones, solo se han registrado tres Súper Niños: 1982-83, 1997-98 y 2015-16.

Al respecto, Lang planteó que términos como “Godzilla” no son aceptados por la comunidad científica para referirse a este fenómeno natural.

Para efectuar predicciones de este tipo, el académico detalló que los científicos utilizan, principalmente, dos métodos. Por un lado, están los pronósticos calculados a partir de estadísticas históricas, y por otro, herramientas dinámicas, basadas en modelos que se ajustan a las interacciones entre el océano y la atmósfera.

En años anteriores, el aumento de la temperatura del mar en Chile ha provocado que peces pelágicos, como la anchoveta y la sardina, se alejen de la costa buscando aguas más frías. Al contrario, en una fase de La Niña, las precipitaciones se concentran en el altiplano en la zona norte, generando inundaciones y aluviones, las aguas costeras se enfrían, y peces pelágicos abundan muy cerca de la costa, tal como informó el especialista.

Lang recalcó que es importante que las autoridades prevean estos eventos, ya que aunque no se espera un “Súper Niño”, el fenómeno de 1982 dejó más de 1.600 muertes y pérdidas por 3.600 millones de dólares en Sudamérica, mientras que el ocurrido en 2014, y con mejores sistemas de alerta, redujo las víctimas a 460, pero generó daños por 2.000 millones.

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