Un equipo de investigadores de la Universidad de Concepción desarrolló una tecnología que permite producir carragenina lambda a partir de microalgas. Se trata de un hidrocoloide con propiedades espesantes y estabilizantes, utilizado a nivel mundial por las industrias alimentaria, farmacéutica y cosmética.

La investigación tiene por objetivo generar una fuente sustentable para responder a la creciente demanda mundial de ingredientes naturales y se desarrolla en conjunto con la empresa nacional Gelymar S.A., con el propósito de avanzar hacia una producción más sustentable y disminuir la dependencia de la extracción de recursos naturales.

El director técnico de Gelymar, Jaime Zamorano, explicó que “el principal logro ha sido demostrar que una microalga puede producir carragenina lambda con las mismas características funcionales que la utilizada actualmente por la industria”.

La carragenina lambda se utiliza como espesante y estabilizante en productos de consumo cotidiano, como yogures, helados, postres, bebidas y salsas, además de cremas, lociones, cosméticos y algunos productos farmacéuticos. Su capacidad para disolverse fácilmente en frío la convierte en un ingrediente altamente valorado por la industria.

Actualmente, este compuesto se obtiene principalmente de algas rojas marinas, especialmente de la luga roja (Sarcopeltis skottsbergii), recurso que enfrenta crecientes desafíos asociados a la disponibilidad de biomasa, la estacionalidad de las cosechas y la presión sobre los ecosistemas marinos.

Frente a este escenario, el equipo desarrolló una estrategia inédita utilizando la microalga roja Porphyridium cruentum como una biofábrica capaz de producir carragenina lambda de manera controlada y sustentable. Para ello incorporó herramientas de ingeniería metabólica, incluyendo genes provenientes de la macroalga Chondrus crispus, logrando obtener un compuesto con características equivalentes al utilizado actualmente por la industria.

La propuesta es liderada por la Dra. Jessy Pavón Pérez, académica del Departamento de Ciencias y Tecnología de los Alimentos (CyTA) e investigadora del Grupo Interdisciplinario de Biotecnología Marina (GIBMAR), quien indicó que “representa una oportunidad para posicionar a Chile como referente internacional en biotecnología marina”.

 

La relevancia de este desarrollo también responde al crecimiento sostenido del mercado global de la carragenina, que alcanzó un valor cercano a los US $1.050 millones en 2025 y se proyecta que supere los US $1.700 millones hacia 2034.

Tras dos años de investigación, el equipo validó la tecnología a nivel de laboratorio (TRL 4), escaló el cultivo de la cepa modificada hasta 200 litros y presentó solicitudes de protección de propiedad intelectual tanto en Chile, mediante INAPI, como a nivel internacional a través del sistema PCT.

Los próximos pasos contemplan el escalamiento hacia una etapa piloto e industrial, en el marco de una eventual licencia tecnológica con Gelymar S.A. El objetivo es acercar esta innovación al mercado y contribuir al desarrollo de una nueva generación de ingredientes naturales obtenidos mediante biotecnología, con bajo impacto ambiental y a un costo competitivo.