La música de Miguel Aguilar

Miércoles, Agosto 21, 2019

En fecha reciente lamentamos el sensible fallecimiento de Miguel Aguilar Ahumada (1931-2019), compositor y académico del Departamento de Música de la Universidad de Concepción. Vinculado por más de tres décadas a nuestra institución (1963-1999), dedicó largos años de su vida a la enseñanza de la música. Su generosidad al entregar conocimientos lo convirtió en una figura ejemplar para las sucesivas generaciones de pedagogos y licenciados que pasaron por nuestras aulas universitarias.

Su relación con la música se inició temprana e intuitivamente, gracias al piano que ocupaba un rincón de su casa de infancia, en la localidad de Huara, región de Tarapacá. Ya asentado en Santiago, a los 10 años inició su instrucción formal en un conservatorio del barrio Brasil. De adulto, abandonó la carrera de ingeniería para volcarse hacia la música. Se involucró con el círculo de compositores de la capital, quienes rápidamente reconocieron sus capacidades.

Ingresó a trabajar como auxiliar a la biblioteca y discoteca de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, al tiempo que recibía lecciones de Domingo Santa Cruz, Jorge Urrutia Blondel y Juan Orrego Salas, quienes más tarde lo consideraron para que colaborara en las cátedras de historia de la música, análisis auditivo, análisis de partituras y armonía.

Con la recomendación de sus maestros, llegó a Concepción en 1956 para trabajar en el Conservatorio de la Corporación Sinfónica de Concepción, que más tarde se convirtió en la Escuela Superior de Música de la Universidad de Concepción, actual Departamento de Música. Ejerció además en el Conservatorio Laurencia Contreras Lema. Desde ahí se involucró dinámicamente con el mundo de la cultura, como creador, intérprete, promotor, gestor y docente.

A él se le debe buena parte del desarrollo cultural-musical de la ciudad durante la efervescente “Era Stitchkin”. Participó en el montaje de óperas, la gestión de recitales, la divulgación de música de vanguardia, colaboró con el TUC, motivó y respaldó a los compositores locales emergentes y contribuyó a que la música fuese reconocida como una disciplina universitaria, de acuerdo al modelo que en Santiago se encontraba vigente desde 1928.

A través de sus composiciones mantuvo una relación permanente con las actividades desarrolladas en Santiago, especialmente los Festivales de Música Chilena. Entre 1951 y 2003 compuso un total de 46 obras donde predominan los formatos de cámara en lenguaje serial dodecafónico, con incursiones en la aleatoriedad y la música concreta. Entre ellas destacan las cuatro Sonatas para piano (1951-1959) basadas en el modelo de Scarlatti, la Obertura al Teatro Integral para orquesta (1954), su Concierto para siete instrumentos (1958, rev. 1988), la Missa “Maria Zart” (1961), diversas piezas sobre poemas de Vicente Huidobro y una serie de composiciones menores que pensó como material didáctico para sus clases de análisis. Lamentablemente, el efecto del golpe de estado sobre la cultura y su involucramiento cada vez más estrecho con la docencia mermaron su actividad creativa.

Fue numerosas veces Director del Departamento de Música UdeC, y reconocido por la comunidad de Concepción con el Premio Municipal de Arte (1987). Recibió el Premio Encargo a la Composición Charles Ives (1996), ocasión en que produjo la obra “Palíndomo, Palinodia, Palimpsesto” para vibráfono, posteriormente traducida para guitarra. En 2006 fue galardonado con el Premio Regional de Artes Musicales y el Premio Presidente de la República en la categoría Artes Musicales.

En mayo recién pasado, fue homenajeado por la Facultad de Humanidades y Arte como académico destacado, escogido por sus colegas en el marco del Centenario UdeC.

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Texto aportado por el Profesor Asistente del Departamento de Música UdeC Nicolás Masquiarán Díaz, Licenciado en Educación y Magister en Artes mención Musicología.