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El pasado 20 de agosto fue efectuada, en las dependencias del Parque Museo Pedro del Río Zañartu, una ceremonia para solemnizar el ingreso del gobernador del Biobío y el alcalde de Hualpén a la comisión administrativa del recinto, en deslucidas condiciones desde hace más de una década. Con el cambio no solo se destrabará la inyección de mil millones de pesos ya adjudicados, sino que también la ejecución de otras acciones para la protección de sus atractivos naturales y patrimoniales.

Durante el hito, el gobernador Rodrigo Díaz Wörner reconoció que la necesidad de generar una «una línea de base» para el desarrollo de un «plan maestro» que permita cubrir las necesidades actuales y proyecte, en el largo plazo, un espacio de relevancia provincial y regional.

El abandono

El parque se constituyó jurídicamente un 22 de septiembre de 1933, tras la promulgación de la Ley N°5.248. El hito, que tuvo lugar casi 15 años después del fallecimiento del empresario Pedro del Río Zañartu, dio origen a su comisión administradora, que por testamento poseería domicilio en Concepción y, hasta el 19 de agosto pasado, se componía por la delegada presidencial regional, el director del Servicio de Salud Concepción y el alcalde penquista.

Desde sus inicios, el parque se ha constituido como un polo de interés ecológico, cultural e histórico, tanto por su ubicación dentro del Santuario de la Naturaleza Península de Hualpén como por sus atractivos patrimoniales, representados por la colección de más de 6 mil piezas que alberga su casona; recreacionales, encarnados por sus jardines, laberintos y espacios arrendables; y ecosistémicos, por la biodiversidad presente en sus playas y cerros. Por lo mismo, el espacio ha operado como sede de diferentes encuentros anuales y fiestas costumbristas.

Fiestas huasas de principios de la década de 2000 celebradas en la desembocadura. Fotografías: Ingrid Concha Fritz

Si bien las condiciones jamás fueron las ideales, el deterioro se agudizó tras el terremoto de 2010, por el desplome de una muralla del museo y por robos posteriores. A pesar de que la situación fue abordada en los planes reconstrucción post 27F, e incluso existe un proyecto ya aprobado para poner en valor de la casona, las reparaciones nunca llegaron, por lo que las permanentes filtraciones y plagas siguen planteando problemas para el control de la humedad, la temperatura y la salinidad.

Los muros de la casona han permanecido apuntalados desde el 27F. Fotografías: Fotovisión

En ese sentido, el director de Marketing del parque museo, David Guala Cordero, atribuye este «letargo» y «precariedad» a la falta de un proyecto de largo plazo y de vías de financiamiento permanentes, puntos que se suman a un modelo organizacional que, a su juicio, «nunca se adecuó a la modernización del Estado».

Los cambios

Las demandas levantadas por los trabajadores del parque museo adquirieron su mayor visibilidad pública a principios de junio de este año, durante la gestión del hoy desvinculado Elías Freire Ibañez.

Su llegada tuvo lugar en 2016, cuando aún ejercía como director ejecutivo del Parque Isidora Cousiño de Lota, cargo que ocupó hasta la quiebra del recinto en 2020. Su estilo trajo una serie de cambios orientados a la obtención de mejores cifras a través del recorte de los beneficios laborales y del aumento de los valores de entrada para los vehículos y de las dependencias arrendables.

Por ello, enfrentó su primer gran conflicto tras dio tras un mes y medio en el cargo, cuando como líder del Parque Pedro del Río Zañartu ordenó el cierre al público de su tradicional Centro de Producción de Flora Nativa, lo que incluyó el cese de las ventas. Su encargada, Ingrid Concha Fritz, relata que antaño los sombreaderos e invernaderos del espacio albergaban a cerca de 50 mil variedades de especies nativas, medicinales, frutales e introducidas, las que estaban a cargo de un equipo que con los años fue reducido a solo dos personas.

El Centro de Producción de Flora Nativa y sus trabajadores a principios de 2000

En ese sentido, la técnico forestal, que llegó en 2002 al centro, explica que con la llegada de Elías Freire fueron descontinuadas además otras iniciativas de propagación de especies vegetales, habilitación de nuevos espacios, construcción de estructuras y cultivo de tubérculos. Hoy, el deterioro no solo es apreciable en los jardines y pasillos del vivero, sino que también en el único sector de resguardo para sus trabajadores: un invernadero con piso de tierra.

Actualmente, solo un invernadero del centro se encuentra en buenas condiciones

Otros colaboradores reconocieron otros problemas relacionados con la renovación de implementos básicos, como es el calzado y la ropa resistente al agua, y con la provisión de un comedor adecuado, de calefacción para el secado de las prendas durante el invierno, entre otros. A ello se suma la suspensión tanto del uso como la mantención de los únicos vehículos que posee el parque: dos furgones con capacidad para 20 y 12 personas, un tractor y un camión ‘tres cuartos’.

En desuso se encuentran todos los vehículos del parque, ya que el transporte de trabajadores está hoy externalizado

La crisis

El 22 de marzo de 2020 los trabajadores del parque fueron enviados a sus hogares de manera preventiva por el inicio de la pandemia, lo que sentó las condiciones para un extenso periodo de mermas presupuestarias. Solo cinco días después de que la decisión fue comunicada, fue dada a conocer una primera nómina con seis despidos, la que incluía el nombre de Ingrid Concha.

Aunque la promulgación de la Ley de protección del empleo permitió reintegrar a cinco de los seis trabajadores, el Parque Museo Pedro del Río Zañartu permaneció cerrado durante 14 meses y con solo seis personas a cargo de la vigilancia de sus más de 500 hectáreas. Por ello, cuando se ordenó la reincorporación, en julio de 2021, el menoscabo de las instalaciones era palpable.

En ese entonces, los trabajadores constataron el deterioro general de los espacios de trabajo, lo que se sumó a las mermas derivadas de ciertas decisiones directivas, como la sustitución del beneficio de colación completa por una asignación diaria de $2 mil, la suspensión del pago de los seguros de salud y el retardo de los pagos.

Sin embargo, el museo se llevó la peor parte, ya que su colección permaneció durante casi 14 meses sin la supervisión de sus siete cuidadores. Los criterios empleados en aquel entonces, sostienen sus trabajadores, demuestran «un total desconocimiento del tema patrimonial», sobre todo, por la escasa consideración de los efectos que tendrían, sobre la colección y la casona, la suspensión del servicio de desratización, la falta de ventilación, la humedad, la alta salinidad del sector y las variaciones en las temperaturas.

Por lo mismo, el informe de daños levantado por los profesionales en aquel entonces consigna deterioros por hongos, plantas, ratones, plagas e, incluso, por la acción de los propios vigilantes, quienes dañaron algunas colecciones al realizar el desmontaje. En consecuencia, varios textiles del depósito resultaron descartados, mientras que otras piezas presentaron daños irreparables.

Hoy, el museo exhibe solo un tercio de sus piezas, en vitrinas ingeniosamente aisladas con plumavit

Promesas

Ese retorno a la presencialidad de julio de 2021 permitió ver, nuevamente, la peor cara del Centro de Producción de Flora Nativa, dada la abundante maleza y pudrición. Ante esa situación, la ONG Keule efectuó, junto con otras organizaciones, trabajos de voluntariado destinados a compostar, rehabilitar las estructuras y desmalezar el terreno, para luego avanzar a otras labores de restauración y recolección, germinación y propagación de especies.

Según relata el secretario de la ONG, Rodrigo Toledo Román, dichas labores se extendieron por meses, por lo que como entidad propusieron a la plana administrativa del parque firmar un convenio de colaboración en el que quedaran estipuladas ciertas garantías a cambio de mayores labores de restauración y educación ambiental.

Aunque el convenio nunca fue firmado, el parque sí cubrió parte de la alimentación y el transporte de los voluntarios, a la vez que adquirió más herramientas para el centro productivo. Durante los meses posteriores, ONG Keule trabajó discretamente, hasta que a fines de enero negoció junto con la administración la posibilidad de realizar los primeros «talleres piloto» de educación ambiental.

Por problemas tributarios, la ONG nunca recibió remuneración alguna por los cuatro talleres llevados a cabo entre febrero y abril de 2022. Por ello, durante el paro convocado por los trabajadores del parque para el pasado 6 de junio, algunos integrantes de Keule se sumaron a las voces que exigieron la salida del director ejecutivo del recinto, Elías Freire.

La salida

En tanto que reconoce que existió una crisis financiera que se vio agudizada durante la pandemia, Freire rechaza de plano las acusaciones efectuadas por los trabajadores, en tanto que afirma que garantías como el seguro de salud o el beneficio de alimentación fueron «universalizados (…) a costo del empleador». 

En cuanto al abandono de vehículos, Freire sostiene que sus «mantenciones estaban siendo más altas que la operación» y que estos pasaban «más de tres meses en el taller» antes de regresar. Por ello, su administración presentó y vio aprobado un proyecto que no solo apuntaba a resolver el problema con el transporte institucional, sino que también otras tres áreas clave. Ello, afirma, «es de conocimiento de los trabajadores».

Los recursos jamás fueron traspasados, dadas las limitaciones del ya actualizado modelo de gobernanza, lo que obligó al parque a tomar «decisiones estratégicas» para mantenerse en funcionamiento, lo que terminó por costarle el cargo a su director ejecutivo.

Así fue como el pasado 11 de agosto la delegada presidencial acordó en privado las condiciones del término de la relación laboral, en atención a los constantes reclamos de los trabajadores y a la mediatización del caso. Dresdner, en la oportunidad, comunicó el hecho como una «renuncia», lo que para Freire violó el acuerdo de confidencialidad suscrito por ambas partes y derivó en un cruce de declaraciones a través de la prensa. Ello no hizo más que retardar la vacancia de la dirección ejecutiva hasta el pasado martes 16 de agosto.

Las posibilidades

Durante la misma semana en que fue sellada la salida de Freire, el Diario Oficial publicó la nueva interpretación de la Ley N°5.248, que estableció que la comisión administrativa del Parque Pedro del Río Zañartu debe estar «integrada por el gobernador regional de la región del Biobío, quien la presidirá; el alcalde de la comuna de Concepción y el alcalde de la comuna de Hualpén».

Solo un día después del hito, fue efectuada en el parque una actividad en la que la delegada Daniela Dresdner entregó una representación de las llaves del recinto a su reemplazante en la instancia, el gobernador Rodrigo Díaz. Además del personal del parque, les acompañaron los senadores Gastón Saavedra Chandía y Yasna Provoste Campillay, además del diputado Félix González Gatica, el exconvencional Bastián Labbé Salazar, el concejal Matias Rifo Valeria, entre otros actores públicos.

Las postales del simbólico evento de cambio de comisión administrativa

Esa mañana, Dresdner afirmó que «lo que nos corresponde como autoridades es ponernos a disposición de lo mejor para este parque».

En tanto, el alcalde hualpenino, Miguel Rivera Morales, celebró el ingreso de la comuna a la comisión «después de 85 años» y el destrabe de los mil millones de pesos comprometidos por el GORE Biobío para el desarrollo de un «plan maestro».

Por su parte, la dirigenta, Ingrid Concha, anunció que debido a «las experiencias recientes» propondrían, como trabajadores, la creación de una mesa de trabajo que permita «estar al tanto de las decisiones». Sus compañeros, en tanto, insistieron en que el próximo director ejecutivo del recinto debe poseer una visión acorde con la relevancia «del legado de don Pedro del Río Zañartu» y con el resguardo patrimonial, ambiental y humano.

Al término de la actividad, la comisión administrativa designó a sus nuevos responsables directos. En el caso del GORE Biobío, se propuso a Ignacia Maturana Gajardo, especialista en patrimonio e integrante del Consejo Regional de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Concepción, en tanto, postuló al Dr. Armando Cartes Montory, historiador e investigador UdeC. Y aunque desde Hualpén no se entregó nombres, desde el parque se insistió en que la persona idónea sería Andrés Toro Toro, fiscalizador de Áreas Naturales del municipio y rostro conocido por su participación en la campaña Salvemos el Santuario y en la producción de «Wallpen: Observar a tu alrededor».

Fotografía principal: Padre Pedro del Río Zañartu