La edición N°63 del Boletín Regional del Núcleo de Humanidades y Ciencias Sociales Faro UDD, titulado “Más allá de la secularización: Tipología del cambio religioso en Biobío (2002-2024)”, analiza cómo han evolucionado los adherentes de distintos credos, a partir de los microdatos del último Censo.

A nivel nacional, el catolicismo cayó del 70% al 54% en dos décadas, mientras las personas sin religión llegaron al 25,8%. En el Biobío, sin embargo, el 77,8% de la población de más de 15 años sigue declarando alguna fe, y la brecha entre católicos (40,9%) y evangélicos (36,8%) es la más estrecha del país.

Agustín Larson, investigador asociado de Faro UDD Concepción, dijo que “hablamos de un cambio estructural, porque en sólo dos décadas el mapa religioso se transformó profundamente”.

El autor del boletín explicó que con 543.629 católicos y 445.672 evangélicos o protestantes, la región presenta una estructura religiosa dual sin precedentes en Chile. El catolicismo sigue siendo el grupo más numeroso, pero ha dejado de funcionar como referencia cultural dominante.

Cuatro tipologías, cuatro realidades

Larson detalló que el boletín propone una clasificación territorial inédita que explica por qué las cifras regionales ocultan más de lo que revelan. En el Gran Concepción, la caída católica se debe a lo que los investigadores denominaron “secularización urbana”, concentrada en solo cinco comunas, pero que agrupa al 44,2% de la población regional.

En cambio, en Lota, Coronel o Curanilahue opera una sustitución evangélica: la religión no retrocede, cambia de denominación. En 12 comunas más, la mayoría de la provincia de Biobío, el catolicismo persiste por inercia cultural y arraigo familiar. Y en zonas híbridas como Penco o Nacimiento, ningún grupo logra hegemonía, desarrollándose una competencia abierta entre credos.

Uno de los hallazgos centrales es la asimetría entre predominio territorial y peso demográfico. Aunque la sustitución evangélica se impone en un mayor número de comunas, la secularización urbana, concentrada en el Gran Concepción, reúne a cerca de la mitad de la población adulta de la región. Esta distribución, además, no es homogénea: si bien las personas sin religión alcanzan el 22,1% a nivel regional, su presencia se concentra principalmente en cinco comunas del área metropolitana. En paralelo, el crecimiento evangélico se extiende territorialmente, mientras el catolicismo mantiene su presencia en zonas rurales e intermedias. El resultado es un mapa en que el predominio territorial no necesariamente coincide con el peso poblacional.

Según el investigador, los jóvenes de 15 a 29 años representan cerca de un 20% de los creyentes en todos los territorios, sin caídas abruptas. Pero la religiosidad institucional se concentra en el tramo de 45 a 64 años, lo que anticipa una fragilidad futura si no se renuevan los mecanismos de transmisión, especialmente en el catolicismo.

Un cambio con consecuencias públicas

El integrante de Faro UDD mencionó que en el Biobío no se observa un abandono generalizado de la religión, sino una redistribución de las pertenencias según el territorio. Mientras en las zonas urbanas aumenta la desafiliación, en comunas populares y periféricas la religión mantiene funciones de cohesión social y apoyo comunitario. El cambio, por tanto, no es uniforme ni tiene efectos homogéneos.

El boletín propone que la transformación religiosa comienza a proyectarse más allá de lo espiritual, con expresiones incipientes en el ámbito social y político en sectores periféricos. En este escenario, el análisis concluye con recomendaciones de política pública diferenciadas por tipo de territorio: desde el fortalecimiento de espacios de cohesión social en el Gran Concepción hasta la articulación de programas de reinserción con organizaciones de base religiosa en comunas donde predomina la sustitución.